Pelabravo, la Torre Mocha borrada
Junto a Naharros del Río, el Castillo de la Torre Mocha pasó de ser una construcción militar medieval a desaparecer en octubre de 2025. Su historia transcurre sobre un municipio cuyo subsuelo reúne gravas, arenas, rocas y sedimentos de tipos distintos.
Los restos del Castillo de la Torre Mocha, junto a Naharros del Río, en una imagen anterior a su destrucción en octubre de 2025.
En octubre de 2025, el Castillo de la Torre Mocha dejó de estar en pie. Se encontraba cerca de Naharros del Río, dentro del municipio de Pelabravo, y sus restos ocupaban una parcela comprada por un agricultor, que los destruyó. La imagen de unas ruinas contra el cielo —la que todavía puede verse en fotografías tomadas antes de aquel episodio— corresponde, por tanto, a un lugar cuyo aspecto cambió de manera decisiva. La torre no fue vencida por un río ni por una ladera: su destino quedó ligado a una decisión sobre el terreno y a la desaparición de una construcción medieval.
La Torre Mocha se alza junto a Naharros
El castillo fue edificado por el Reino de León en los siglos XII y XIII. Su nombre, Torre Mocha, señala una construcción militar que ha llegado hasta nosotros como restos y no como un edificio completo. Los muros se describen como de calicanto. Esa palabra aparece también en la historia material de otros edificios, pero aquí nombra la fábrica de una fortaleza concreta, levantada en las cercanías de Naharros del Río. El lugar forma parte de un municipio de 23,26 kilómetros cuadrados que comprende, además, los núcleos de Pelabravo y Nuevo Naharros.
El escenario municipal ayuda a situar la escala de la historia. La Torre Mocha no estaba en un enclave abstracto llamado Salamanca, sino en un territorio de varias localidades, con una parcela y unos restos reconocibles cerca de Naharros. La construcción pertenecía al tiempo en que el Reino de León organizaba la vida política de la zona; su permanencia posterior convirtió aquellos muros en una huella material de una etapa mucho más antigua que la historia de la parcela en la que terminaron.
Muros medievales, memoria protegida
La fortaleza figuraba como bien de interés cultural en virtud de la declaración genérica que, desde 1949, se extendía a los castillos. Esa protección situaba la Torre Mocha dentro de una categoría patrimonial que abarcaba construcciones de este tipo. Pero la historia local no terminó con la declaración: los restos quedaron en una parcela que fue comprada por un agricultor y, en octubre de 2025, el castillo fue destruido. El episodio enfrentó la permanencia física de una construcción histórica con el destino de un terreno concreto, y acabó con la pérdida de los restos que aún se conservaban.
La palabra «destruido» marca el resultado, no describe por sí sola cada paso de la intervención. Lo que queda documentado es suficiente para entender el cambio: antes había restos del castillo junto a Naharros del Río; después de octubre de 2025, la Torre Mocha ya no podía seguir viéndose en la parcela como en las fotografías anteriores. La historia de la fortaleza acaba así, no con una reconstrucción ni con una nueva función conocida, sino con su desaparición. La tierra conserva el lugar; el edificio, en cambio, dejó de formar parte de su superficie visible.
San Juan Bautista: reconstruir y dejar una huella
En Pelabravo, la iglesia de San Juan Bautista cuenta otra historia de construcción y cambio. El templo actual, de planta de cruz griega y mampostería irregular, fue reconstruido a finales del siglo XVIII después de derribar la iglesia medieval anterior. La sucesión está documentada: un edificio antiguo desapareció y otro ocupó su lugar. No es el mismo episodio que el de la Torre Mocha, pero permite reconocer una diferencia importante entre los destinos de dos construcciones locales: la iglesia fue reconstruida y sigue mostrando elementos de aquella obra; el castillo fue destruido en 2025.
La espadaña —el campanario de muro— quedó exenta porque la obra no llegó a completarse como estaba prevista. También se conserva un escudo episcopal de Salamanca en la fachada principal. Son detalles visibles de un proyecto que tuvo un resultado incompleto, pero duradero: el campanario separado y el escudo permanecen asociados al conjunto. La mampostería irregular de la iglesia y los muros de calicanto de la Torre Mocha describen dos maneras distintas de nombrar la fábrica de estos edificios. Ninguno de esos términos permite, por sí solo, atribuir a cada construcción una roca concreta del subsuelo municipal.
La iglesia de San Juan Bautista y su espadaña exenta, conservadas en Pelabravo.
Un municipio con varios tipos de terreno
Al ampliar la mirada desde los edificios hasta el término municipal aparece otro relato, esta vez expresado por la clasificación geotécnica de Pelabravo. La categoría más extensa es «Gravas y Arenas compactas», con un 49,53 %. Le siguen «Areniscas, Conglomerados y Flysch», con un 32,54 %, y «Arenas finas y limos», con un 11,95 %. La ficha también distingue «Masa de agua», que representa un 4,25 %. Son categorías distintas: unas nombran materiales sueltos, otras rocas o conjuntos de rocas, y la última identifica agua.
Estas cifras retratan el término municipal en conjunto. No son una descripción de la parcela del castillo ni una identificación de la piedra de sus muros. Esa diferencia de escala importa en Pelabravo: la historia de la Torre Mocha se refiere a un lugar concreto junto a Naharros; la clasificación geotécnica permite hablar de la variedad del municipio. En ella conviven gravas y arenas compactas con areniscas, conglomerados y flysch, además de arenas finas, limos y una categoría de masa de agua. El terreno local, por tanto, no queda resumido en un único tipo de material.
Los nombres de la clasificación ayudan a leer esa variedad sin convertirla en una explicación del origen de cada edificio. «Gravas y Arenas compactas» describe una categoría diferente de «Arenas finas y limos»; «Areniscas, Conglomerados y Flysch» reúne otros materiales. La ficha no proporciona en estos datos una secuencia estratigráfica ni una edad para ellos. Lo que sí ofrece es una visión municipal de los materiales reconocidos y de su proporción relativa. El terreno aparece como un mosaico de categorías, no como un bloque uniforme bajo las tres localidades.
Lo que el terreno permite y lo que permanece
La clasificación de permeabilidad incluida en el estudio es la clase 9, litología D-2. Su descripción caracteriza las formaciones como generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. Añade que pueden albergar acuíferos superficiales por alteración o fisuración, normalmente poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de gran interés. También señala que formaciones modernas pueden recubrir, en algunos casos, acuíferos cautivos productivos. Es una descripción técnica de cómo pueden comportarse esas formaciones; no afirma que bajo la Torre Mocha hubiera un acuífero concreto.
El mismo estudio distingue situaciones respecto a la expansividad: por un lado, zonas descritas como «sustrato no arcilloso»; por otro, arcillas expansivas subordinadas o emplazadas en zonas climáticas sin déficit anual de humedad, con riesgo de expansividad bajo a moderado. La diferencia recuerda que una descripción geotécnica municipal puede agrupar condiciones diversas. Para quien mira la historia local, el dato principal es la variedad: la tierra de Pelabravo contiene materiales distintos y puede presentar comportamientos diferentes, aunque esa clasificación no permita atribuir un comportamiento específico a una parcela histórica sin datos de esa escala.
También la cronología humana cambia de escala. Pelabravo fue fundado en la Edad Media por Pelay Bravo, o Pelayo Bravo, por orden de los reyes de León, y quedó encuadrado en el cuarto de Peña del Rey, dentro de la jurisdicción de Salamanca y del Reino de León. En 1833, con la creación de las provincias actuales, pasó a formar parte de la provincia de Salamanca. La Torre Mocha pertenece a los siglos XII y XIII; la iglesia conserva el rastro de una reconstrucción de finales del XVIII; la desaparición del castillo ocurrió en 2025. Son etapas distintas de una historia local en la que el terreno sostiene las huellas, pero no borra las decisiones que transforman su aspecto.
El desenlace deja dos imágenes diferentes. En Pelabravo, San Juan Bautista conserva su espadaña exenta y el escudo episcopal; cerca de Naharros del Río, la Torre Mocha fue destruida y ya no permanece como ruina en la parcela. Bajo el municipio, la clasificación geotécnica sigue describiendo una mezcla de materiales, sin convertirla en la causa de esos destinos. La tierra continúa allí, pero la fortaleza que antes marcaba ese punto del paisaje ya no.
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