Historia geológica Localidad Monteagudo

Monteagudo, la cantera que devolvió gigantes

En Las Yeseras, un frente de cantera convirtió el sustrato de Monteagudo en una ventana a un pasado remoto. Allí aparecieron fósiles de mastodonte y de otros mamíferos; hoy, un sendero permite acercarse al lugar donde la piedra dejó salir esas huellas.

Vista de Monteagudo, con el castillo-palacio y la torre de la iglesia destacando sobre el caserío.

Vista de Monteagudo, con el castillo-palacio y la torre de la iglesia destacando sobre el caserío.

Foto: Msadrian, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

A las afueras de Monteagudo, el camino hacia Las Yeseras conduce a un corte abierto en el terreno. En ese frente de cantera aparecieron, a comienzos del siglo XX, restos de una fauna que ya no existe en el paisaje actual: entre ellos, dientes de un mastodonte. La escena reúne dos tiempos distintos en el mismo lugar: el trabajo que dejó expuesta la roca y la larga historia que quedó atrapada en los fósiles.

Las Yeseras no son solo un nombre ligado a una cantera. El Instituto Geológico y Minero de España identifica allí yesos miocenos y sitúa el paraje en el Cabezo de las Yeseras, al oeste de la localidad. El hallazgo convirtió un espacio de extracción en una referencia paleontológica de Monteagudo.

Las Yeseras, al oeste de Monteagudo

El pueblo ocupa una posición reconocible dentro del valle del Queiles: se alza a 404 metros sobre el nivel del mar, mientras el término desciende hasta 380 metros junto al río y supera los 500 en el Alto de Torroplín, al oeste. El relieve municipal comprende también el valle del río Naón, al norte. Son referencias que ayudan a situar el recorrido; no convierten por sí solas cada ladera en parte del yacimiento.

Las Yeseras se encuentran en el entorno occidental desde el que parte el camino indicado por el IGME. Allí, el frente de cantera ofrece una sección: un corte que deja ver materiales dispuestos bajo la superficie. En este caso, el nombre geológico que da identidad al lugar es preciso: yesos del Mioceno. El Mioceno es la etapa geológica a la que se asocian esos yesos; la ficha del lugar no describe con detalle cómo se formaron, así que basta con seguir lo que sí muestra su historia: la cantera abrió el terreno y los restos aparecieron en ese paisaje excavado.

El estudio geotécnico municipal aporta otra escala del sustrato. En su clasificación, las arenas finas y los limos representan el 61,77 %, y las areniscas, conglomerados y flysch, el 37,52 %. Son categorías referidas al término municipal, no una identificación de cada capa de Las Yeseras ni de la roca bajo las casas. Su valor para este relato está en recordar que Monteagudo no se resume en un único material: el yeso del paraje forma parte de un terreno local más diverso.

La distinción importa. Los yesos miocenos dan nombre a la sección geológica de Las Yeseras; las arenas finas y los limos, junto a las areniscas, conglomerados y flysch, aparecen en la clasificación geotécnica municipal. Son descripciones de materiales, no una explicación automática de la forma del valle ni del origen de cada fósil. El terreno ofrece el escenario; la cantera abrió una ventana concreta dentro de él.

La cantera dejó al descubierto otra historia

La extracción cambió la superficie y dejó visible un frente donde los restos podían aparecer. Entre los hallazgos de principios del siglo XX figuraron incisivos, colmillos y molares de mastodonte. No era una pieza aislada sin contexto: Las Yeseras acabaría siendo reconocida por un conjunto de mamíferos fósiles, y la apertura del terreno hizo posible encontrar restos que habían permanecido ocultos.

En 1946, M. Ruiz de Gaona, J. F. Villalta y M. Crusafont publicaron «El yacimiento de mamíferos fósiles de las Yeseras de Monteagudo». Décadas después, un trabajo de 1987 se ocupó de los macromamíferos del Mioceno medio de Las Yeseras. Esas fechas muestran cómo el hallazgo pasó de la aparición de restos en una cantera a convertirse en objeto de estudio; no fueron los fósiles los que cambiaron de lugar, sino la atención que el pueblo y los investigadores les dedicaron.

El yacimiento se asocia al Mioceno medio. Esa referencia temporal sitúa los restos en una etapa geológica, no en la historia humana de Monteagudo. Entre el animal que dejó sus dientes y la persona que los encontró hay una distancia inmensa, condensada ahora en objetos que pueden sostenerse en la mano o contemplarse en una vitrina.

El castillo-palacio de Monteagudo, visto de cerca, forma parte del perfil urbano que enmarca el paisaje local.

El castillo-palacio de Monteagudo, visto de cerca, forma parte del perfil urbano que enmarca el paisaje local.

Foto: Nata.lia (Tagzania user ID: 14962), CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Una muela reúne una fauna entera

El mastodonte de Las Yeseras tiene nombre: Gomphotherium angustidens. Los restos reproducidos incluyen incisivos, colmillos superiores e inferiores y molares. Una muela hallada en Monteagudo, descrita en una visita a los fondos arqueológicos de Navarra, tiene aproximadamente el tamaño de un puño. La comparación acerca una pieza fósil al cuerpo de quien la mira, sin borrar la escala del animal al que perteneció.

Los mastodontes no fueron los únicos mamíferos representados en el yacimiento. La relación de hallazgos incluye équidos primitivos, rinocerontes, jabalíes, rumiantes y grandes carnívoros. Esa variedad hace que el frente de cantera no sea solo el lugar de una pieza célebre: los restos recuperados ofrecen una imagen más amplia de los mamíferos asociados a Las Yeseras.

Una muela fosilizada conserva la huella de un animal después de millones de años. En Monteagudo, el diente salió del paraje y llegó a los fondos arqueológicos; las réplicas permiten ahora mostrar también colmillos y molares sin depender únicamente de las piezas originales. La historia de la cantera tomó así un segundo rumbo: además de extraer material, el lugar entregó restos que debían conservarse, estudiarse y explicarse.

Del frente de cantera al sendero de 1,5 kilómetros

En 2012 se acondicionó parte de un área interpretativa sobre el propio yacimiento. El sendero, de 1,5 kilómetros, cuenta con paneles que ayudan a comprender el paraje y permite apreciar el frente de cantera donde aparecieron los restos. La misma abertura que hizo visible el terreno pasó a formar parte de un recorrido para leerlo: ya no solo como un corte, sino como el punto donde se encontraron fósiles.

El cambio no borra el origen del hallazgo. La cantera sigue siendo central en la historia porque su frente relaciona el terreno visible con las piezas encontradas. Los paneles y el camino ofrecen otra manera de acercarse a esa relación: el visitante puede situar el hallazgo en el paraje, en lugar de conocerlo únicamente a través de un diente separado de su procedencia.

También se prepararon réplicas de fósiles de Gomphotherium angustidens, con una representación de la cabeza y un panel explicativo. La iniciativa del Ayuntamiento de Monteagudo y la Fundación Caja Navarra acerca los colmillos y molares al público en una disposición que permite reconocer su posición respecto a la cabeza. Las réplicas no sustituyen el frente ni los restos originales: hacen visible, en un espacio expositivo, lo que el yacimiento conserva como hallazgo.

Lo que quedó en Las Yeseras

El recorrido de Las Yeseras tiene un desenlace concreto. La cantera dejó expuesto el frente; allí aparecieron los restos, que después fueron objeto de estudios y de trabajos paleontológicos. Parte de las piezas se conserva en los fondos arqueológicos de Navarra, mientras las réplicas y los paneles trasladan su historia al público. En 2012, el sendero interpretativo incorporó el propio terreno a esa tarea de divulgación.

Así conviven dos formas de conservar la huella: la pieza, protegida y explicada, y el lugar donde salió a la luz. El yeso mioceno sigue dando nombre al paraje, pero Las Yeseras ya no se leen solo como una cantera. En su frente permanece la señal de una transformación humana; en los fósiles, la memoria de los mamíferos que quedaron allí preservados.

Al final del camino, la cantera deja de ser únicamente una abertura en el paisaje. Es el punto donde Monteagudo encontró una fauna antigua y donde el pueblo decidió contarla, con un sendero sobre el terreno y réplicas que devuelven forma a aquellos gigantes.

Tipos de terreno en Monteagudo

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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