Historia geológica Localidad Montcada i Reixac

Montcada i Reixac abrió una mina para llevar el agua del Besòs al Rec Comtal

Los regantes y molineros del Rec impulsaron en Montcada una obra que buscaba el agua fuera de la vista. La mina del Besòs convirtió el subsuelo en parte de la infraestructura que sostenía cultivos y molinos.

Panorámica de Montcada i Reixac desde el Turó de Moià, con el núcleo urbano y las montañas que enmarcan su paisaje.

Panorámica de Montcada i Reixac desde el Turó de Moià, con el núcleo urbano y las montañas que enmarcan su paisaje.

Foto: Dbascones / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0

La mina de Montcada se inauguró en 1778 para extraer las aguas subterráneas del Besòs e introducirlas en la acequia Condal, el Rec Comtal. La promovieron regantes y molineros: personas cuyo trabajo dependía del agua. En aquella localidad todavía campesina, el aprovechamiento del río no terminaba en la corriente que podía verse desde la orilla.

¿Qué fueron a buscar bajo tierra quienes ya tenían el Besòs a su alcance? Agua subterránea que pudiera incorporarse al Rec. La historia municipal conserva tanto el propósito de la obra como los nombres de sus responsables, y permite seguir una relación concreta entre el terreno, el río y la actividad humana.

Una mina cuyo producto era el agua

Aquí la palabra «mina» no designaba una explotación de mineral. La obra estaba destinada a sacar agua del subsuelo del Besòs y conducirla a una acequia. Su cometido se entiende mejor si la imaginas como una conexión entre dos recorridos: el del agua subterránea y el del canal que la recibía.

La iniciativa tuvo responsables identificados. El ingeniero fue Josep Subirats y los arquitectos, Joan Soler y Josep Mas Vila. Los regantes y molineros del Rec promovieron la construcción bajo la dirección del Intendente Real. No era solo una intervención en el terreno: también era una organización de intereses y conocimientos alrededor del agua.

El destino estaba decidido antes de extraerla.

La acequia Condal daba sentido a la captación. El agua debía pasar del subsuelo a una infraestructura utilizada por quienes cultivaban y molían. Esa cadena —captar, conducir y aprovechar— explica por qué una obra subterránea ocupa un lugar destacado en la historia de Montcada, junto a elementos mucho más visibles del paisaje.

Francisco de Zamora pasó por la localidad algunos años después de la inauguración. En su descripción destacó la montaña, la situación sobre el camino real y aquella «famosa mina» construida para sacar las aguas subterráneas del Besòs. Su observación, recogida por el Ayuntamiento, sitúa la obra entre los rasgos que distinguían al pueblo a finales del siglo XVIII.

El río ya trabajaba antes de entrar en la acequia

Mucho antes de 1778, los cursos de agua habían intervenido en la organización del territorio. La historia municipal describe comunidades de agricultores y ganaderos que canalizaron aguas de ríos y rieras, abrieron caminos en el bosque y aprovecharon los fértiles cauces de los torrentes de montaña como campos de cultivo.

El relieve ofrecía posibilidades distintas. Las montañas protegían zonas de poblamiento alejadas de la calzada que atravesaba la llanura del Besòs. Según el relato municipal, en los siglos X y XI aquella vía de comunicación también podía ser una vía de invasión. Los terrenos resguardados y los espacios cultivables junto a los torrentes formaban parte de una misma elección de asentamiento.

La montaña no era únicamente un fondo.

En ese territorio se levantó Sant Pere de Reixac, documentada en 986 y consagrada en 1048. El primer templo de Santa Engràcia de Montcada está documentado en 1007 y se encontraba al otro lado del Besòs. Si buscas referencias reconocibles para situar esta historia, las iglesias permiten acercarte a las comunidades que fueron transformando el paisaje agrícola.

Los antiguos términos parroquiales de Sant Pere de Reixac y Santa Engràcia de Montcada estaban separados geográficamente por el Ripoll. Se unieron en 1561 mediante una bula del papa Pío IV, aunque mantuvieron evoluciones económicas y urbanísticas diferentes. El río aparece así en dos papeles: como recurso que se aprovechaba y como separación entre territorios.

Las explotaciones agrícolas acabaron extendiéndose más allá del Besòs. La mina pertenece a esa larga relación con el agua, pero introduce una diferencia precisa: su objetivo documentado era captar la que circulaba bajo tierra. El paisaje campesino también se construía mediante intervenciones que no podían contemplarse desde un camino.

¿Qué terreno acompaña a esta historia?

El material más representado en la caracterización municipal son las arenas finas y los limos. Son materiales de grano pequeño, más fino en el caso de los limos; para distinguirlos mentalmente, puedes pensar en la diferencia entre una arena perceptible al tacto y un polvo mucho más fino. Su presencia permite añadir textura al paisaje de ríos y campos descrito por las fuentes históricas.

Pero el municipio no tiene un terreno uniforme. También se recogen pizarras y esquistos; un grupo que reúne areniscas, conglomerados y flysch; y otro de granito, gneis y rocas ígneas. Esta diversidad importa porque impide imaginar todo Montcada como una sola masa de tierra idéntica, desde los espacios bajos hasta las montañas.

Los nombres pueden traducirse a imágenes sencillas. Una arenisca es una roca formada por granos de arena unidos; un conglomerado contiene fragmentos mayores, como cantos pegados entre sí. El flysch presenta alternancias de capas de arena y arcilla, comparables visualmente a las hojas superpuestas de un cuaderno.

Las pizarras y los esquistos remiten a rocas transformadas por presión y calor. La comparación con un material comprimido ayuda a entender esa transformación, aunque el resultado es roca. Este conjunto aporta una escala geológica distinta de la de una acequia: el suelo de la historia humana reúne materiales con historias de formación diferentes.

Para comprender la mina, la clave documentada sigue siendo más concreta que cualquier clasificación: había aguas subterráneas del Besòs que se captaron para el Rec. La obra enlazó ese recurso con una necesidad agrícola y molinera. El subsuelo dejó de ser únicamente soporte del territorio y pasó a formar parte de su funcionamiento cotidiano.

Una pasarela cambió la relación entre las orillas

En 1911, otro vínculo con Reixac tomó forma en superficie: el passeig de Rocamora. El aumento de edificaciones había propiciado la construcción de una pasarela para unir la montaña y las masías de Reixac con el pueblo de Montcada. El Ayuntamiento proyectó el paseo para enlazar aquel paso con el carrer Major.

Esta vez había que conectar lugares, no captar agua.

El paseo tomó el nombre del propietario de los terrenos y pronto se parceló según el proyecto del maestro de obras Josep Graner i Prat. Más adelante comenzó también la urbanización de las tierras situadas entre el ferrocarril y el Besòs, que dio lugar al segundo ensanche de Montcada.

La secuencia permite leer una transformación sin separar el urbanismo del paisaje. Primero aparecen cauces aprovechados como campos y aguas canalizadas; después, una captación subterránea; más tarde, una pasarela, un paseo y nuevos terrenos urbanizados. El río permanecía como referencia mientras cambiaban las maneras de trabajar y habitar a su alrededor.

Les Maleses lleva la mirada a otra vertiente

El pasado humano de Montcada también se reconoce en Les Maleses. El poblado ibérico se organiza mediante una calle central que lo divide en dos: la vertiente de Sant Fost de Campsentelles mira al este y la de Montcada i Reixac, al oeste. Las casas se alinean a ambos lados y aprovechan el muro de cierre como apoyo.

¿Cómo se hizo visible ese pasado para la población? Las primeras excavaciones comenzaron en 1981, y el museo municipal abrió sus puertas para que estudiantes del instituto local mostraran los hallazgos. Aquí la relación con el terreno se expresa en las vertientes y en una disposición de las construcciones que todavía puede describirse a partir de sus restos.

La mina de 1778 responde, entretanto, a la pregunta que planteaba el Besòs: los regantes y molineros buscaban incorporar al Rec el agua que discurría bajo tierra. Cuando mires el río desde Montcada, su historia ya no termina en la superficie: también incluye aquel recorrido subterráneo que una obra convirtió en recurso.

Tipos de terreno en Montcada i Reixac

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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