Manresa, la ciudad construida sobre un mar que se evaporó: la historia a través de su geología que nadie te contó
Bajo las calles de Manresa hay areniscas y conglomerados de un mar tropical que murió de sed, arenas y limos del río Llobregat y arcillas expansivas de una cuenca que se cerró hace 35 millones de años. Y todo eso, aunque parezca imposible, explica por qué la Seu gótica se erigió en ese peñasco concreto, qué pasa bajo el subsuelo de la comarca con la sal y la potasa, y por qué el karst es el principal factor de riesgo en cualquier obra en Manresa hoy.
¿Alguna vez te has preguntado por qué la basílica de la Seu de Manresa se alza exactamente ahí, sobre ese promontorio escarpado que cae a plomo sobre el río Cardener, y no en cualquier otro punto de la ciudad? ¿O por qué el puente medieval que cruza el Cardener lleva en pie desde el siglo XIV mientras otros puentes de la comarca no sobrevivieron a las riadas? La respuesta no está en los libros de historia. Está a varios metros bajo tus pies, escrita en roca.
El subsuelo de Manresa es un archivo de 40 millones de años. Y lo sabemos porque cada vez que los geólogos perforan el terreno de esta ciudad —para construir un edificio, para un informe técnico, para estudiar el subsuelo— encuentran las mismas capas en el mismo orden: primero arenas y limos en los primeros metros junto a los ríos, luego arcillas expansivas en las zonas de transición, y finalmente, muy abajo, la roca dura: las areniscas, conglomerados y flysch que forman el 75% del subsuelo y sobre los que se asienta el corazón histórico de la ciudad.
Tres materiales. Tres historias. Tres mundos que ya no existen pero que siguen aquí, debajo de nosotros.
El mar que se secó (y la sal que quedó en el subsuelo del Bages)
Empecemos por el principio. Hace entre 36 y 45 millones de años, durante el Eoceno medio y superior, lo que hoy es la comarca del Bages estaba cubierto por un mar interior cálido y somero. No muy diferente al Mar Rojo actual: restringido, templado, con escasa circulación y rodeado de tierras emergidas por todos lados. Al norte, los Pirineos en formación descargaban sobre él ríos caudalosos que depositaban conglomerados y areniscas en abanicos deltaicos gigantescos. Al sur, el macizo Catalán hacía lo propio. En medio de todo eso, en la zona central de la cuenca, los sedimentos más finos —margas, arcillas, limos— se depositaban en las aguas más tranquilas y profundas.
Esa dualidad es la que explica la geología de Manresa: la ciudad se asienta exactamente en ese punto de contacto entre los materiales gruesos y resistentes que venían de los grandes deltas y los materiales más finos del centro de la cuenca. Las areniscas y conglomerados que hoy forman el 75% del subsuelo son los restos de aquellos ríos eocenos y aquellos abanicos deltaicos. El flysch que aparece intercalado entre ellos es la huella de las corrientes turbulentas que arrastraban los sedimentos hacia las zonas más profundas.
Pero lo más extraordinario ocurrió cuando ese mar empezó a secarse. Hace unos 35 millones de años, la progresiva elevación de los Pirineos fue cerrando la cuenca, cortando la comunicación con el mar abierto. Sin aporte de agua nueva pero con la evaporación constante del sol mediterráneo, el nivel bajó. Y cuando el agua se evapora más rápido de lo que llega, los minerales disueltos precipitan en un orden muy concreto: primero los carbonatos, luego el yeso, y finalmente —cuando la concentración es extrema— la sal gema y las sales de potasio. Es exactamente lo que ocurrió en el Bages: la llamada Formación Cardona, un megapaquete de evaporitas de hasta 300 metros de espesor que hoy aflora en la espectacular Montaña de Sal de Cardona, a solo 25 kilómetros de Manresa, y que se extiende por el subsuelo de toda la comarca.
Esa formación salina no es solo historia geológica: es el origen del karst que hoy constituye el principal riesgo geotécnico del subsuelo de Manresa. La sal es el material más soluble que existe en la naturaleza. Un litro de agua disuelve 357 gramos de sal gema hasta saturarse. En comparación, la caliza —la roca que da lugar a las cuevas kársticas convencionales— disuelve apenas 0,6 gramos por litro. Allí donde el agua subterránea entra en contacto con esas evaporitas, puede crear cavidades con una velocidad miles de veces mayor que en un karst calcáreo. Y esas cavidades no siempre se ven desde arriba.
El peñasco de la Seu (y el secreto del promontorio que salvó a Manresa)
Pero si las evaporitas son la historia del subsuelo profundo del Bages, la historia del suelo sobre el que se construyó Manresa es la de las areniscas y conglomerados que las cubren. Y aquí es donde la geología y la historia medieval se encuentran de la forma más directa.
El Puigcardener —el promontorio rocoso sobre el que se asienta el casco antiguo de Manresa y sobre el que se erigió la Seu a partir de 1328— es un espolón de arenisca y conglomerado eoceno que la erosión del río Cardener fue tallando a lo largo de millones de años. La roca dura resistió. El terreno blando de los alrededores cedió. Y el resultado fue ese farallón natural que los primeros pobladores íberos, los romanos y los medievales reconocieron instintivamente como el lugar más seguro y más fácil de defender de toda la plana del Bages.
El arquitecto Berenguer de Montagut —el mismo que diseñó la Basílica de Santa María del Mar en Barcelona— eligió ese emplazamiento en 1322 para construir la Seu. No lo eligió por capricho estético: lo eligió porque la roca era firme, el escarpe hacía la construcción defensiva, y la arenisca local proporcionaba el material de construcción a pie de obra. Los sillares de la Seu gótica están hechos con la misma arenisca eocena que forma el substrato del Puigcardener. La catedral literalmente nació del suelo sobre el que se levanta.
El Pont Vell —considerado uno de los puentes más antiguos de Cataluña, de origen romano— y el Pont Nou medieval, que cruzan el Cardener, se apoyan en esos mismos conglomerados y areniscas del lecho del río. La capacidad portante de esa roca, generalmente buena y estable, es lo que ha permitido que esas estructuras sobrevivan siglos de riadas, guerras y el paso del tiempo.
Las arenas y los limos (y el terreno traicionero junto al río)
Sin embargo, el subsuelo de Manresa no es uniforme. La ciudad moderna se ha extendido mucho más allá del núcleo histórico sobre el Puigcardener, y esa expansión ha ocupado terrenos muy diferentes geológicamente.
Las zonas próximas a los ríos Llobregat y Cardener están cubiertas por sedimentos cuaternarios recientes: arenas finas y limos depositados por las propias corrientes en sus épocas de crecida, además de gravas de terraza. Son materiales mucho más recientes —de miles a decenas de miles de años— y mucho menos consolidados que las areniscas y conglomerados del sustrato profundo. Su capacidad portante es más variable, y su comportamiento cuando hay agua en el terreno puede ser muy diferente al de la roca.
Las arenas finas y los limos tienen una característica que los convierte en suelos especialmente traicioneros para la construcción: cuando están saturados de agua, pueden comportarse casi como un fluido. Es el fenómeno conocido como licuefacción, que aunque en Manresa no alcanza la magnitud de zonas sísmicamente activas, sí puede generar asientos diferenciales importantes en cimentaciones superficiales mal diseñadas. Además, las fluctuaciones del nivel freático junto al río —que en Manresa puede variar considerablemente entre estaciones— pueden afectar a los cimientos si no se ha tenido en cuenta en el cálculo.
Es por esto que los estudios geotécnicos en las zonas de vega y terraza fluvial de Manresa son tan importantes: lo que parece un terreno llano y estable puede esconder una capa de limo blando o arena fina que, bajo una carga nueva, cede de forma desigual.
El karst invisible: la amenaza que los ojos no ven
Hay un riesgo geotécnico en Manresa que no deja señales en superficie hasta que es demasiado tarde. No es la arcilla expansiva, no son los limos del río. Es el karst.
La Formación Cardona —ese paquete de sal gema y sales potásicas que se extiende por el subsuelo del Bages— no aflora en Manresa como lo hace en Cardona. Aquí está cubierta por metros y metros de areniscas, conglomerados y materiales cuaternarios. Pero el agua subterránea sí llega hasta ella. Y cuando llega, la disuelve. Lentamente, en algunos lugares. Con rapidez pasmosa en otros, como ha demostrado la historia reciente de Cardona, donde la actividad minera aceleró un proceso kárstico que en 2000 obligó a desviar el río Cardener a través de un túnel para evitar que fuera engullido por las galerías subterráneas.
En el subsuelo de Manresa y su entorno, ese proceso de disolución puede estar ocurriendo de forma natural, invisible y silenciosa, creando huecos y cavidades que no tienen expresión en la superficie hasta el momento en que el techo colapsa. Los estudios geotécnicos en Manresa deben prestar atención especial a esta posibilidad: la presencia de materiales evaporíticos en el subsuelo profundo, aunque estén a decenas de metros de profundidad, es un condicionante que el proyecto de cimentación no puede ignorar.
La comarca del Bages forma parte del Geoparque Mundial de la UNESCO de la Cataluña Central precisamente por la excepcionalidad de este patrimonio geológico: los mejores ejemplos europeos de cuencas evaporíticas, el karst salino de Cardona, los conglomerados de Montserrat. Es un territorio extraordinario para la ciencia. Y también, por eso mismo, un territorio que exige que quien construya en él conozca lo que hay debajo.
Lo que el subsuelo de Manresa guarda, capa a capa
Todo lo anterior se puede leer en un perfil estratigráfico orientativo del subsuelo de Manresa. De la superficie hacia abajo:
| Profundidad | Qué hay | Qué fue |
| 0 – 5 m | Arenas finas y limos (zonas de vega) | Depósitos fluviales del Llobregat y el Cardener. Cuaternario reciente (<1 M años) |
| 5 – 13 m | Arcillas expansivas blancas/blandas | Depósitos lacustres de la cuenca cerrada del Eoceno superior (~35-40 M años) |
| 13 – 28 m+ | Areniscas, conglomerados y flysch | Deltas, playas y fondos marinos del Eoceno (~40-45 M años) |
| Subsuelo profundo | Evaporitas (sal, yeso, potasas) — Fm. Cardona | Mar interior que se evaporó. Eoceno superior (~35-40 M años) |
Cuatro capas. Cuatro mundos. Y encima de todo, una ciudad que lleva siglos construyendo catedrales, puentes y fábricas sobre ellas, sin saber exactamente lo que sostiene sus cimientos.
Fuentes: Datos geológicos extraídos del Mapa Geológico Nacional del IGME (GEODE 50k y MAGNA 50, hojas 329 y 330) e ICGC. Formación Cardona y geología del Bages: Geoparc Mundial UNESCO de la Catalunya Central (geoparc.cat); El medi natural del Bages i del Moianès (elmedinaturaldelbages.cat). Historia de Manresa: Wikipedia (Manresa), Seu de Manresa (seudemanresa.cat). Karst salino de Cardona: publicaciones del Espeleo Club de Gràcia y Geocamp (geo-camp.net). Datos sísmicos: EMSC/IGN.
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