Historia geológica Localidad Las Mesas

Las Mesas, el encinar de los años malos

En 1578, los vecinos de Las Mesas destacaron un bosque comunal que les daba alimento cuando el cereal fallaba. Bajo esa historia de recursos compartidos, el término municipal tiene también una geología descrita con nombres muy concretos.

El barranco de Las Mesas. La imagen sitúa la historia en un paisaje del término municipal.

El barranco de Las Mesas. La imagen sitúa la historia en un paisaje del término municipal.

Foto: LucT, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Las Mesas, una de las huellas más reveladoras no es un edificio, sino una relación entre sus habitantes y un recurso común. En 1578, los vecinos alabaron un bosque encinar comunal que aportaba una parte notable de su dieta, sobre todo en los años malos para el cereal. La dificultad era concreta: cuando la cosecha de grano no bastaba, el encinar tenía un papel importante en la alimentación.

Las Mesas Rubias, entre cereal y encinar

El nombre originario del pueblo fue Las Mesas Rubias, relacionado con el color de los cereales que se sembraban por entonces. El cereal dejó así su marca incluso en el nombre. Pero el paisaje de la vida cotidiana que aparece en el documento de 1578 no se reduce a los campos: junto a la agricultura estaba el encinar comunal, valorado precisamente por su contribución en los años difíciles.

Las primeras noticias sobre los orígenes de la villa se sitúan hacia el siglo XIII. Las Mesas pertenecía al Marquesado de Villena, y, siglos después, la información recogida para las Relaciones topográficas de los pueblos de España, mandadas elaborar por Felipe II, permite escuchar una descripción colectiva de lo que los vecinos consideraban valioso. No habla un viajero aislado: el documento recoge el elogio de los propios habitantes a un recurso que, según ellos, les proporcionaba alimento.

El encinar en los años de escasez

La tensión que deja ver ese testimonio no necesita una batalla para ser importante. En los años buenos, el cereal sostenía una parte de la vida agrícola; en los malos, el bosque comunal adquiría un peso especial en la dieta. El encinar aparece como complemento frente a una cosecha insuficiente. El documento no cuantifica cuánto aportaba ni describe episodios concretos de hambre, pero sí expresa con claridad por qué los vecinos lo apreciaban: su contribución se notaba especialmente cuando el cereal no iba bien.

La palabra comunal también importa. El recurso se vinculaba a la comunidad y no se presentaba simplemente como un elemento aislado del paisaje. En esa valoración se reconoce una forma de dependencia local: el bienestar no descansaba en un solo producto. El cereal daba nombre a Las Mesas Rubias; el encinar, de acuerdo con el testimonio de 1578, ofrecía otra fuente de alimento en las temporadas desfavorables para aquel cultivo.

Ese es el resultado que puede seguirse en esta historia: el bosque ocupaba un lugar destacado en la vida de los vecinos porque ayudaba en los años malos. La noticia no permite fijar cuándo empezó o terminó ese uso, pero sí conserva un momento preciso en que los habitantes decidieron dejar constancia de su importancia.

Las areniscas, los conglomerados y el flysch

La historia humana transcurre sobre un término cuya geología tiene su propia descripción. El estudio geotécnico de Las Mesas clasifica los materiales del municipio bajo tres nombres: areniscas, conglomerados y flysch. La categoría representa el 100 % de los suelos que recoge esa clasificación. Se trata de una descripción a escala municipal: identifica los materiales consignados para el término, sin convertir esa etiqueta en una identificación de la roca de cada edificio o paraje.

Los nombres dan presencia concreta al sustrato local, aunque el estudio no aporta aquí edades ni una explicación de cómo se formaron. Por eso, el vínculo con la historia del encinar debe entenderse como contexto, no como causa demostrada. Los datos disponibles no dicen que esas formaciones originaran el bosque, determinaran los cultivos o explicaran la alimentación de los vecinos. Lo que sí permiten es situar la vida de Las Mesas sobre un conjunto geológico nombrado y descrito técnicamente.

La ficha geotécnica añade una indicación sobre la permeabilidad: la clasifica como clase 8, litología D-1, y describe las formaciones como generalmente extensas y, en general, de baja permeabilidad. En lenguaje sencillo, eso señala que el agua no circula fácilmente por ellas. La misma descripción advierte que en profundidad pueden albergar acuíferos de mayor permeabilidad y productividad, incluso de interés regional. Es una posibilidad contemplada para ese tipo de formación, no una afirmación sobre un acuífero concreto bajo un punto determinado del pueblo.

La casa consistorial de Las Mesas, una referencia actual del centro del municipio.

La casa consistorial de Las Mesas, una referencia actual del centro del municipio.

Foto: Rodelar, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Del encinar comunal al paisaje agrícola

Los testimonios de épocas distintas ofrecen fotografías diferentes de Las Mesas. A mediados del siglo XIX se contabilizaban 998 habitantes. En la actualidad, la actividad del municipio sigue siendo principalmente agrícola y la vid constituye su mayor recurso económico. El contraste entre el cereal asociado al nombre antiguo y la importancia económica de la vid muestra que los cultivos destacados no han sido siempre los mismos; no demuestra, por sí solo, cuándo ni por qué se produjo ese cambio.

La población consignada para 2025 es de 2.234 habitantes. Entre esa cifra y la de mediados del siglo XIX hay una distancia de más de siglo y medio, pero los datos no cuentan una historia continua de crecimiento ni explican sus causas. Sí ayudan a recordar que Las Mesas no cabe en una sola imagen: en el registro aparecen tanto una comunidad que elogiaba su encinar como un municipio agrícola en el que hoy la vid es el principal recurso económico.

También forman parte del paisaje local la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y las ermitas del Santo Niño de la Bola, San Isidro y San Cristóbal. En la zona del Toledillo se encuentra un molino. Son referencias que identifican lugares y patrimonio del municipio; la información disponible no las relaciona directamente con las areniscas, los conglomerados o el flysch. La geología y la historia humana se encuentran en el mismo territorio, pero cada relación necesita su propia evidencia.

El mercado dominical, conocido y visitado en la comarca, añade otra imagen de actividad compartida. No es la misma escena que la del bosque comunal descrito en 1578, ni hay base para presentarlo como su continuación. Sin embargo, ambos datos hablan de la importancia de los recursos y los espacios comunes en la vida de Las Mesas, cada uno en su tiempo y de una manera distinta.

En la memoria escrita de 1578, el encinar queda ligado a una necesidad cotidiana: aportar alimento cuando el cereal fallaba. Hoy, la vid ocupa el primer lugar entre los recursos económicos del municipio. La tierra conserva los nombres de sus materiales; los documentos, los cambios de énfasis de quienes viven sobre ella. Así, el encinar de los años malos sigue siendo una parte precisa de la historia local: la respuesta que los vecinos destacaron frente a la incertidumbre de la cosecha.

Tipos de terreno en Las Mesas

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

    Ver ficha
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