La Victoria, dos destinos para sus encinas
En Tocina, el encinar se abrió para dejar sitio al cultivo; en Baneguillas, una ladera empinada conservó un pequeño reducto de bosque. La Victoria guarda ambos destinos en un relieve de lomas suaves, arroyos estacionales y terrenos diversos.
La Torre de Don Lucas sobresale entre las parcelas del entorno rural de La Victoria.
Al norte del núcleo urbano, a un kilómetro, la Dehesa de Tocina ocupa 233,2 hectáreas de la finca del mismo nombre. Allí crecen las encinas de mayor porte del término, en un paisaje agrario de árboles y herbáceas. Al oeste, Baneguillas conserva un reducto forestal de apenas 1,3 hectáreas. Entre ambos espacios se dibujan dos destinos: donde la labor agrícola pudo avanzar, el encinar se aclaró; donde la pendiente hizo impracticable el cultivo, quedó un refugio de vegetación mediterránea. La historia de las encinas de La Victoria no tiene un solo final.
Tocina abre claros para el cultivo
La Dehesa de Tocina se extiende sobre lomas suaves, atravesadas por pequeños arroyos y regajos estacionales. El agua circula por ellos únicamente en épocas de lluvia. Ese relieve ondulado no forma una llanura uniforme: las elevaciones bajas se enlazan con cauces menores que vertebran el terreno. Las encinas conviven con herbáceas y parcelas de cultivo, pero el aspecto actual no corresponde a un bosque cerrado. El encinar fue aclarado a lo largo del tiempo para abrir claros productivos, y hoy esas áreas alternan trigo y girasol. La convivencia entre árbol y siembra hace de Tocina una dehesa agraria: las encinas siguen en pie mientras se trabaja el espacio abierto entre ellas. En la zona septentrional se concentra especialmente el arbolado, y allí se celebra la romería de San Isidro Labrador.
El cambio más claro se cuenta también en los árboles que faltan. Las imágenes aéreas comparan el vuelo americano de 1956-1957 con el paisaje de 2009; entre ambos se aprecia la desaparición de muchas encinas y del monte bajo que las acompañaba. El intervalo abarca varias décadas, no un corte único: lo que se ve es una reducción acumulada de la vegetación asociada al antiguo encinar. Los claros de cultivo ganaron espacio mientras menguaban los árboles y matorrales. La transformación queda dibujada desde arriba, en la superficie que dejaron de ocupar. Así, el paisaje de Tocina conserva ejemplares de gran porte, pero ya no la continuidad del bosque que cubría la zona.
Baneguillas: la pendiente guarda un reducto
Baneguillas ofrece el contrapunto. En el extremo occidental del municipio, junto a la margen derecha del arroyo de la Torre, una mancha de encinas, lentiscos y acebuches cubre una ladera de solana muy pendiente. Es, junto con el encinar adehesado de Tocina, uno de los testimonios de la vegetación primitiva de la zona. Su extensión es reducida; su importancia reside también en haber llegado hasta aquí. La pendiente dificulta el cultivo hasta hacerlo impracticable, y esa condición ha favorecido que la vegetación se conserve mientras otras zonas se transformaban. La ladera no es solo una forma del relieve: impuso un límite práctico a la expansión de las labores agrícolas.
Ese límite no dejó el monte al margen de la vida cotidiana. Baneguillas es frecuentado por vecinos como espacio de ocio y recreo, y esas visitas a veces generan suciedad y agresiones a la vegetación. En Tocina, en cambio, las encinas de mayor porte conviven con las tierras de labor y con una celebración que reúne a la gente en el campo. Los dos lugares muestran presiones distintas: el cultivo redujo el encinar en una parte del término; en la otra, la pendiente frenó esa transformación, aunque el uso recreativo también deja huella. El paisaje que permanece no es un bosque intacto, sino el resultado de condiciones y usos diferentes.
Las lomas y los materiales bajo el paisaje
El estudio geotécnico clasifica el 100 % del término bajo la categoría «Areniscas, Conglomerados y Flysch». Es una descripción del terreno a escala municipal, no una identificación de lo que hay bajo cada encina o edificio. El mismo estudio señala zonas donde predominan localmente arcillas expansivas y valora un riesgo de expansividad moderado a alto en áreas climáticas con déficit anual de humedad. La expansividad se refiere a la posibilidad de que una arcilla cambie de volumen al variar su humedad. Las categorías geológicas generales y la presencia local de arcillas describen materiales distintos; juntas recuerdan que el subsuelo municipal no se resume en una sola clase de terreno. Aquí, el relieve visible de lomas y cauces estacionales acompaña a un subsuelo que el estudio caracteriza con varias unidades.
La vista cercana muestra el volumen de la Torre de Don Lucas, construida con cal, arena y cantos rodados.
La Torre de Don Lucas, una huella construida
A unos trescientos metros de la carretera que une Aldea Quintana con La Victoria, al noroeste del municipio, se levanta la Torre de Don Lucas. Su presencia ofrece otra escala para leer el paisaje rural: junto a las encinas y los cultivos, el territorio conserva construcciones hechas con materiales concretos. La torre fue levantada en época islámica, aunque no se conoce la fecha exacta. Se encontró una moneda perteneciente al reinado del emir cordobés Alhaquen I, fechado en 808-809 según el calendario gregoriano. Esa pieza es una pista, no una fecha de construcción: resulta más verosímil situar la obra en época almohade, durante el siglo XII.
La torre está construida con cal, arena y cantos rodados. La lista describe los materiales de esta construcción, mientras que la clasificación geotécnica ofrece una visión general del término: no son la misma escala de lectura. En el campo de La Victoria, la torre permanece como una huella edificada junto a un paisaje marcado por el uso agrario. Su fecha probable la lleva a un pasado medieval; sus materiales, en cambio, se reconocen en una estructura que sigue en pie. A su alrededor, los cambios de la cubierta vegetal cuentan otra historia, más lenta y acumulada, que puede seguirse comparando los encinares y las tierras abiertas.
De la heredad a los campos de La Guijarrosa
La vida rural de La Victoria dejó otras huellas en torno al pueblo actual. Allí estaba La Victoria Vieja, una heredad con casas, bodega, lagar, pila, tinajas, viñas y árboles. Fray Andrés de Santa María la compró en 1551 a Alonso de Hillón y a Isabel Rodríguez y la donó poco después a los frailes Mínimos. En el siglo XVIII hubo allí un oratorio donde se celebraron bodas de habitantes que, en su mayoría, vivían en casas aisladas cubiertas de paja o de rama. En 1818, la iglesia de San Pedro de Alcántara se edificó también en terrenos que pertenecían a la Orden de San Francisco de Paula. Esas fechas muestran un campo habitado y trabajado, además de cultivado.
En 1810, La Victoria era en su mayor parte un vasto olivar y se conocía como La Guijarrosa, por formar parte de una antigua y extensa zona de La Rambla con ese nombre. El dato no describe cada finca ni equipara el olivar con la dehesa de Tocina; sí sitúa la historia de las encinas dentro de un término donde distintos usos agrarios se sucedieron. Olivares, viñas, siembras y encinares forman parte de ese paisaje rural. El terreno ofreció lomas, laderas y cauces estacionales; las comunidades aprovecharon unas zonas para cultivar y mantuvieron otras bajo vegetación arbórea.
Al volver a Tocina, quedan dos medidas del cambio: las copas altas que aún dominan la finca y la vegetación que ya no aparece en las imágenes de 2009. Baneguillas conserva el destino opuesto: un pequeño encinar mantenido por una ladera demasiado inclinada para el cultivo, aunque hoy expuesto también al tránsito recreativo. No hay un vencedor único entre bosque y agricultura. El encinar se abrió en una parte del término y sobrevivió en otra; de esa diferencia nació un paisaje mezclado que todavía organiza cultivos, árboles y celebraciones. Bajo las encinas, las lomas y los cauces de lluvia siguen siendo el escenario de esa historia.
¿Necesitas un estudio geotécnico en La Victoria?
Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.
- Estudios firmados por geólogo acreditado
- Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
- Cobertura en toda España
Más de 1000 estudios realizados
Pide presupuesto gratis
Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.