La Puerta de Segura, entre dos orillas
El puente con forma de barco convirtió un rodeo en un paso directo sobre el Guadalimar. Una inundación lo arrasó en 2007, pero el cruce volvió a levantarse al año siguiente.
Desde el Cerro Góntar, La Puerta de Segura aparece en el paisaje abierto del valle.
En las orillas del Guadalimar, cruzar de un lado a otro ha tenido más de una forma. El puente conocido como El Barco se construyó para que la gente pasara sin rodear el pueblo; el río, sin embargo, no siempre dejó intacta esa solución. El 21 de mayo de 2007 una inundación arrasó el puente. En 2008 fue reconstruido. Para entender por qué ese paso importa hay que mirar a la vez el valle que atraviesa La Puerta de Segura y la historia de un lugar situado en la entrada natural a la sierra.
El Guadalimar abre el paso
La Puerta de Segura ocupa la parte septentrional de la comarca de la Sierra de Segura. El nombre del municipio alude a su posición como acceso a la sierra: para llegar a buena parte de los pueblos serranos se pasa por aquí. El Guadalimar recorre el valle central del término, mientras las primeras elevaciones de la sierra de Segura se levantan al este y las de la Sierra de Cazorla al sur. La población se asentó, por tanto, en un paisaje donde el valle y los relieves cercanos organizan los pasos.
El relieve municipal tiene un desnivel marcado. El pico Buitreras, en el límite con Orcera, alcanza 1.245 metros; a orillas del Guadalimar se llega a 550 metros. El casco urbano se encuentra a 584 metros. No hace falta imaginar una pendiente uniforme entre esas cotas: juntas muestran el contraste entre las alturas serranas y el corredor del río. Al noroeste se eleva el cerro Salfaraf, de 1.074 metros, y el valle del río Herreros desciende hacia el embalse del Guadalmena. El término reúne así varios valles y elevaciones, no solo la ribera que cruza El Barco.
Pizarras y esquistos bajo un relieve de valle
El sustrato también tiene un nombre concreto. El estudio geotécnico disponible para La Puerta de Segura clasifica el terreno municipal como pizarras y esquistos. La información es de escala municipal: permite reconocer esos materiales en la caracterización del término, pero no identificar por sí sola la roca bajo un puente concreto. Tampoco aporta una historia de formación de esas rocas. En este relato, su presencia acompaña la descripción del territorio serrano mientras el Guadalimar ofrece el referente visible del valle y del cruce.
Ese matiz importa porque el puente y el sustrato cuentan historias relacionadas, pero no intercambiables. El río atraviesa el municipio y hace necesario comunicar sus dos orillas; la clasificación de pizarras y esquistos, en cambio, describe el terreno municipal sin demostrar de qué material se construyó una obra determinada. Así se puede seguir el recorrido sin confundir paisaje, roca y construcción. La geografía da el marco del paso; las decisiones de quienes lo utilizaron explican sus sucesivas formas.
Un puente entre la sierra y el castillo
Mucho antes del puente con forma de barco, el paso ya tenía un papel estratégico. Se ha planteado que pudo existir un asentamiento que controlara el puente, aunque no hay noticias directas de la población en época islámica. La posición de La Puerta, en la entrada natural a la sierra, sí está vinculada al levantamiento de defensas desde aquella época. El cruce no era solo una manera de evitar un rodeo: formaba parte de un acceso que conectaba el valle con los caminos serranos.
En La Puerta constan dos fortalezas: una ocupó el lugar donde hoy se encuentra el casco urbano y otra, la de Bujalamé o Bujalamed, conserva una torre. La fortaleza principal habría servido de refugio a las aldeas del entorno. Su recinto fue desapareciendo con el paso del tiempo y el crecimiento de la población. Quedó así una transformación visible en la historia local: las defensas que habían hecho del lugar un punto de resguardo no conservaron su forma, mientras la población siguió ocupando el espacio de la antigua fortaleza.
Una chimenea se recorta ante las laderas arboladas a la salida de La Puerta de Segura.
La entrada cambia de dueño y de nombre
En 1235 La Puerta fue conquistada por los Caballeros de Santiago y pasó al señorío de la Orden, con sede en Segura de la Sierra. En 1243, el emir de la taifa de Murcia, Ibn Hud al-Dawla, firmó las capitulaciones de Alcaraz con Fernando III. El territorio de Segura de la Sierra quedó integrado en la Corona de Castilla dentro del Reino de Murcia, una adscripción que se prolongó hasta la creación de la provincia de Jaén en 1833. En el umbral serrano, el control del territorio cambió mientras el valle seguía siendo parte del escenario local.
La fortaleza continuó formando parte de la vida del lugar siglos después de su conquista. Las Relaciones Topográficas de Felipe II indican que en 1576 había una iglesia dentro del castillo. La ubicación de La Puerta también la convirtió, junto con Segura de la Sierra, en mojón de los reinos de Toledo, Granada y Murcia. En 1833 recibió el título de villa y pasó a depender de la provincia de Jaén. El municipio se llamó simplemente La Puerta hasta 1916, cuando su nombre pasó a ser La Puerta de Segura.
El río se convierte en paseo
El paso sobre el Guadalimar tuvo también una vida cotidiana y recreativa. A finales de la década de 1960 se amplió el arco de un antiguo puente de origen árabe y se añadió un paseo desde el bar Casino hasta el comienzo del puente. Allí se construyó la playa artificial de la Caseta de los Cañamares. En verano se taponaba parte del ojo del puente para crear un lugar de baño. El río, que marcaba una separación entre orillas, también formó parte de un espacio de encuentro junto al pueblo.
Ese puente antiguo no debe confundirse con El Barco. La descripción local del paseo del Guadalimar sitúa allí otro puente, de forma de barco, levantado para facilitar el paso de una orilla a otra: antes, según esa descripción, la gente tenía que rodear todo el pueblo para llegar al otro lado. El paseo ribereño se construyó en la década de 1990. Así, en el entorno del río convivieron distintas respuestas al mismo desafío práctico: modificar un paso antiguo y crear una conexión más directa entre las dos márgenes.
La crecida y el regreso de El Barco
El 21 de mayo de 2007 una inundación arrasó El Barco. Ese es el cambio decisivo en la historia reciente del puente: el paso que acortaba el trayecto desapareció y dejó de cumplir su función. No se dispone aquí de datos sobre la altura alcanzada por el agua ni sobre el mecanismo concreto del daño, pero sí del resultado registrado y de la respuesta posterior. La crecida alteró una conexión construida para facilitar el cruce, y la pérdida no quedó como estado permanente.
En 2008 El Barco fue reconstruido. El resultado fue recuperar el puente que permite pasar de una orilla a la otra sin rodear todo el pueblo. El episodio no terminó con la desaparición de la estructura, sino con su regreso al paisaje urbano. La vieja fortaleza del casco se borró con el tiempo y el crecimiento de la población; este puente, en cambio, volvió a levantarse tras la inundación. Junto al Guadalimar, entre las laderas serranas y el valle, el paso sigue contando por qué La Puerta de Segura ha sido lugar de entrada y de cruce.
Desde la distancia, el valle parece abrir espacio entre las alturas. En el pueblo, ese espacio se mide también en el trayecto que evita El Barco: una orilla ya no queda al otro lado de un rodeo, sino al alcance de un puente reconstruido.
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