La Pueblanueva, del despoblado al arraigo
En el valle del Tajo, una repoblación se apagó y otra reunió a cientos de vecinos. La historia de La Pueblanueva sigue el paso de un intento fallido a una comunidad que echó raíces sobre la terraza fluvial.
La estación de aforo del río Sangrera, en el término de La Pueblanueva, junto a la corriente que registra.
La Pueblanueva nació en un territorio donde el río y las tierras de labor forman parte del mismo paisaje. El término se sitúa en el valle del Tajo, sobre una terraza fluvial, y esa ubicación se asocia con un clima suave y condiciones propicias para la agricultura y la ganadería. Pero vivir de la tierra no significaba disponer de ella libremente. Durante siglos, las decisiones sobre quién podía asentarse y cómo aprovechar las parcelas dependieron también de Talavera de la Reina y de sus autoridades.
El Tajo marca el escenario
La palabra «terraza» da una pista concreta sobre el relieve local: la descripción municipal sitúa La Pueblanueva en una terraza fluvial del valle del Tajo. No es una etiqueta para cada calle o cada edificio, sino una manera de describir el marco del término. En esa escala, el río y la llanura acompañan una historia de asentamientos, labores y límites de propiedad; no hace falta convertirlos en la causa de decisiones que fueron políticas y económicas.
La agricultura y la ganadería siguen siendo actividades importantes en el municipio. La relación entre el terreno y la vida local se ve también en los registros técnicos: no presentan un único material uniforme para todo el término. Las rocas y sedimentos aparecen en distintas categorías, y el sondeo aporta un dato puntual del subsuelo. Juntas, esas observaciones ofrecen una imagen más concreta que la idea de un valle hecho de una sola clase de suelo.
Un subsuelo de materiales distintos
El resumen geotécnico clasifica el 38,22 % del término como pizarras y esquistos; el 26,99 %, como masa de agua; y el 22,92 %, como areniscas, conglomerados y flysch. Añade calizas, dolomías y mármoles (5,46 %), además de gravas y arenas compactas (4,17 %). Son categorías referidas al municipio: no describen una sucesión de capas bajo cada casa ni identifican por sí solas la piedra de un edificio.
Hay, además, una medición precisa en un punto. Un sondeo de IGME SondeosIRYDA, identificado como «LAS VEGAS», alcanzó 74 metros y registró agua a 1,74 metros. Al ser un único sondeo, su valor es local, no una medida general de todos los pozos ni de todo el término. Esa diferencia de escala importa: el valle del Tajo sitúa el paisaje; las categorías geotécnicas describen la variedad municipal; y el sondeo cuenta lo observado en un lugar concreto.
La Mina conserva una pista antigua
Mucho antes de la fundación de la localidad actual, los alrededores ya guardaban restos de ocupación antigua. En 1771, el erudito talaverano Luis Jiménez de la Llave encontró una tumba en una cripta derruida. En ella estaba un sarcófago hispanorromano fechado en el siglo II o III, con relieves en los que aparece Jesucristo rodeado de los Apóstoles bajo arcos de medio punto. La pieza tenía importantes destrozos; hoy se conserva en el Museo Arqueológico Nacional.
La presencia de restos llevó a plantear la posibilidad de un asentamiento urbano romano en la zona, quizá cerca del cerro de Santa María. Se ha propuesto identificarlo con Lórbiga, más tarde llamada Orbiga, y con la finca de La Hormiga; el yacimiento se conoce hoy como La Mina. La propuesta debe conservar su carácter de posibilidad, pero la huella del sarcófago sí es concreta: en el entorno hubo una historia antigua que precedió, por muchos siglos, a la nueva población.
La escala de la estación de aforo del Sangrera acerca un detalle del seguimiento del río en La Pueblanueva.
Almofrague: el primer intento se apaga
En la Edad Media, el poblamiento de estas tierras no se concentraba en un solo núcleo. A comienzos del siglo XIV aparecen documentadas varias dehesas, entre ellas Orbiga, Sangrera y Almofrague, con población dispersa. El historiador Jiménez de Gregorio situó su existencia como dehesas en el siglo XIII o incluso antes. En el siglo XIV, San Pedro de Almofrague era cabeza de parroquia, un centro local que más tarde volvería a ser objeto de un proyecto de repoblación.
El 14 de octubre de 1495, el concejo de Talavera concedió licencia para poblar de nuevo aquella parroquia. La tarea se encomendó a Juan de Alcocer, Bartolomé de Castro y Alonso García, en un lugar previamente delimitado por oficiales talaveranos. El acuerdo imponía restricciones: las tierras entregadas no podían venderse, cambiarse ni arrendarse; tampoco podían convertirse en propiedad plena, pues pertenecían a los bienes comunales de Talavera. La nueva población debía empezar bajo condiciones estrechas.
El intento no perduró. A finales del siglo XVI, en Almofrague solo quedaba una casa de labranza, y en el siglo XVII el lugar aparece ya como despoblado. No consta que una causa única explique el abandono; lo que sí muestra la secuencia es el resultado: aquella licencia no dio lugar a una comunidad estable. La experiencia dejó abierta la pregunta de cómo conseguir que otro asentamiento sí arraigara en el mismo territorio.
Vademalillo recibe una nueva población
La respuesta llegó en 1496, cuando nació La Pueblanueva en el alijar de Vademalillo. La historiadora María José Suárez interpreta esta fundación como un intento de compensar el fracaso anterior. La propiedad de la tierra seguía correspondiendo al concejo talaverano, de modo que los nuevos moradores podían disfrutar de las parcelas y transmitirlas a sus descendientes, pero no disponer de ellas como propietarios plenos.
En marzo de 1501, el concejo fijó las condiciones para los habitantes. Se parecían a las aplicadas en Almofrague y regulaban quién podía incorporarse: no se admitían nuevos vecinos sin licencia. También limitaban el intercambio de tierras y establecían que se bebiera vino de Talavera. El pueblo nuevo, por tanto, no empezó con libertad irrestricta; nació dentro de un sistema que buscaba poblar el lugar y, al mismo tiempo, mantenerlo ligado a la villa.
El pueblo crece bajo las reglas de Talavera
La diferencia entre ambos intentos se ve en el desenlace. Mientras Almofrague se redujo a una casa de labranza y acabó despoblado, La Pueblanueva creció de forma sostenida en las décadas posteriores a su fundación. En 1576 alcanzaba los 350 vecinos, una cifra que, según Suárez, no había logrado ningún otro lugar de la zona. El crecimiento no borró la dependencia: los pueblos del alfoz talaverano debían suministrar productos agrícolas, sobre todo grano, para el mercado de Talavera, y sus habitantes no podían venderlos sencillamente al mejor postor.
También el vino quedó sometido a ese control. Talavera protegía el comercio de sus viñedos y llegó a prohibir que Almofrague y La Pueblanueva plantaran viñas o compraran vino de otras localidades. La nueva población había sobrevivido donde la anterior fracasó, pero lo hizo dentro de una relación económica desigual. Ese es el resultado histórico que quedó unido al paisaje: un asentamiento duradero, ligado a la tierra agrícola y a la vez sujeto a las reglas de una villa cercana.
Hoy La Pueblanueva mantiene una importante actividad agrícola y ganadera y se encuentra muy influida por su proximidad a Talavera. En el término que el informe sitúa sobre la terraza del Tajo conviven las categorías de materiales registradas por el estudio geotécnico; en la historia local, en cambio, la huella más clara es la de una población que logró permanecer. La primera tentativa se desvaneció. La segunda dejó un pueblo que todavía lleva en el nombre la memoria de haber empezado de nuevo.
¿Necesitas un estudio geotécnico en La Pueblanueva?
Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.
- Estudios firmados por geólogo acreditado
- Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
- Cobertura en toda España
Más de 1000 estudios realizados
Pide presupuesto gratis
Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.