La Pobla del Duc, entre pozo y piedra
La Poasa, el antiguo pozo que la historia local relaciona con los primeros habitantes, ofrece una entrada a la memoria de La Pobla del Duc. Bajo el municipio, las calizas, dolomías y mármoles dominan la clasificación geotécnica; entre ambas historias, la del agua y la del sustrato, se dibuja un lugar que cambió de nombre y de usos.
La Pobla del Duc octubre 2024
La Poasa aparece en la historia de La Pobla del Duc como un antiguo pozo, considerado el punto a partir del cual se establecieron los primeros habitantes de la zona. No hace falta convertirlo en una escena imaginada para reconocer su importancia: un lugar vinculado al agua da una referencia concreta a los comienzos del poblamiento. La historia conservada del municipio sitúa antes de la fundación cristiana varias alquerías habitadas por musulmanes; después, el pozo permanece como una huella local asociada a ese primer asentamiento.
El agua y la piedra forman aquí dos escalas distintas. La geografía sitúa La Pobla del Duc en la margen derecha de la cuenca del río Albaida. El estudio geotécnico, por su parte, describe los materiales en el conjunto del término, no en el punto preciso de La Poasa. Juntas, esas referencias sitúan el escenario: un municipio de la comarca del Valle de Albaida, con una historia de ocupación antigua y un sustrato cuya composición se conoce a escala local amplia.
La Poasa y las primeras alquerías
La palabra alquería nombra pequeños núcleos rurales de origen musulmán. La información histórica disponible indica que existían varias en el lugar antes de la conquista de Jaime I de Aragón, a mediados del siglo XIII. No identifica sus casas, sus límites ni la forma en que se relacionaban entre sí. Sí permite seguir el cambio principal: a ese paisaje de alquerías le siguió la decisión de fundar un nuevo núcleo reconocido por el Reino de Valencia.
Tras la conquista, Jaime I concedió la Carta Puebla al señor de Bellvis, que entonces regentaba esas tierras. Una carta puebla era el instrumento para establecer una nueva población y reconocer su fundación. No fue simplemente otro nombre para las alquerías existentes: la noticia señala un nuevo núcleo urbano, y con él un cambio en la organización política del lugar. El relato no dice que el pozo causara esa fundación. La Poasa queda como referencia de los primeros habitantes; la carta, como el acto documentado que abrió una nueva etapa.
El nombre actual guarda también el rastro de los cambios de señorío. Más tarde, el señor de Bellvis entregó la posesión a los duques de Gandía, concretamente a los duques de la Casa de Borja. De esa vinculación procede el nombre de La Pobla del Duc. Así, entre la referencia del pozo, la fundación reconocida por el reino y el cambio de señores, el municipio conserva varias capas de historia sin que una borre por completo a la anterior.
Calizas, dolomías y mármoles bajo el término
El estudio geotécnico clasifica el 82,05 % de los suelos del término bajo la categoría «Calizas, Dolomías y Mármoles». Registra además un 9,82 % como «Masa de agua» y un 8,13 % como «Arenas finas y limos». Son categorías municipales: describen la distribución general recogida por el estudio, pero no identifican automáticamente el material bajo un edificio, una calle o el antiguo pozo.
Los nombres permiten reconocer familias concretas de materiales, aunque no cuentan por sí solos cómo se formaron ni cuándo. El dosier no aporta una secuencia estratigráfica ni una edad para esas rocas. Sí añade una característica útil para entender el comportamiento del terreno: describe las formaciones de la clase D-2 como generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. En términos sencillos, el agua encuentra poca facilidad para atravesarlas de manera uniforme.
La misma descripción señala una excepción importante: por alteración o fracturación, esas formaciones pueden albergar acuíferos superficiales, por lo general poco extensos y de baja productividad, aunque localmente pueden tener interés. Una fractura o una zona alterada puede ofrecer al agua una vía que la roca poco permeable no proporciona de forma general. Es una explicación del comportamiento posible de la clase descrita; no demuestra que La Poasa se alimente de una fractura concreta ni permite atribuirle una conexión con el río Albaida.
Esta distinción devuelve la historia a su escala justa. La Poasa está registrada como pozo antiguo y relacionada con los primeros habitantes; el estudio describe materiales y permeabilidad para el término municipal. El vínculo entre ambas es el marco de una localidad donde el agua tiene presencia en la memoria y donde el sustrato está formado, en su mayor parte según esa clasificación, por calizas, dolomías y mármoles. Lo que no puede afirmarse es que el dato geotécnico explique por sí solo la elección exacta del emplazamiento.
De la fundación al paisaje trabajado
Las generaciones posteriores dejaron nuevas marcas en el municipio. La economía de La Pobla del Duc se apoyó hasta hace pocos años, casi exclusivamente, en la vid. Con el tiempo y las exigencias del mercado, gran parte del suelo pasó a dedicarse a frutales de verano, entre ellos ciruelos, melocotoneros y albaricoqueros. La transformación documentada es la de los cultivos: un cambio de aprovechamiento que modifica el paisaje trabajado, aunque la información disponible no atribuye esa decisión a la composición de las rocas ni a una propiedad específica del suelo.
También cambió el uso de edificios y espacios. El convento de Mínimos fue fundado en 1603 tomando como base la ermita de San Sebastián y San Fabián, situada en las afueras de la población. En 1835, tras la desamortización eclesiástica y la exclaustración decretada por Mendizábal, el edificio fue cedido al Ayuntamiento y demolido. De la primitiva iglesia del convento apenas quedan los arcos de las puertas, integrados en un pequeño parque-jardín. El resultado no es la conservación intacta del conjunto, sino la permanencia fragmentaria de algunos elementos en otro espacio y con otro uso.
La iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, suma otra etapa a esa continuidad de cambios. Tiene planta rectangular y una torre de base hexagonal; la capilla de la Comunión fue construida en el pasado siglo. Junto con las casas solariegas que aún quedan en la población y el Jardín del Calvario, estas referencias forman parte del paisaje edificado de La Pobla del Duc. Cada una pertenece a una historia concreta; ninguna permite deducir, sin datos adicionales, qué roca se empleó en sus muros.
Lo que permanece junto al pozo
El recorrido empezó en La Poasa y vuelve a ella con un significado más preciso. La memoria local la conserva como antiguo pozo asociado al establecimiento de los primeros habitantes; la historia posterior registra alquerías musulmanas, una nueva fundación tras la conquista, la Carta Puebla y el paso de la posesión a los duques de la Casa de Borja. El sustrato del término, a su vez, ofrece un contexto material dominado en la clasificación geotécnica por calizas, dolomías y mármoles, con una permeabilidad generalmente baja en la clase descrita.
La historia no convierte el pozo en una explicación de todas las decisiones que vinieron después. Su lugar es más concreto y por eso mismo valioso: permanece como referencia de los comienzos, mientras los nombres, los cultivos y los edificios cuentan las transformaciones siguientes. En La Pobla del Duc, la piedra da el fondo del paisaje; La Poasa recuerda dónde empieza la historia humana que ha llegado hasta nosotros.
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