Illueca, el espolón de los Luna
El castillo del Papa Luna ocupa un espolón rocoso sobre Illueca, mientras el río Aranda atraviesa la fosa tectónica entre dos sierras. Ese relieve acompaña la historia de un palacio cuyo poder cambió de manos y cuyo lugar en la villa permanece.
El castillo-palacio del Papa Luna se alza sobre las casas de Illueca y ocupa la cota más alta de la villa.
En Illueca, la mirada sube desde el curso del Aranda hasta el castillo-palacio del Papa Luna. El edificio corona la cota más alta de la villa y se asienta sobre un espolón rocoso. La geografía municipal sitúa Illueca en una fosa tectónica recorrida por el río y flanqueada por las sierras de la Virgen y de la Camamila. Entre esa depresión y los relieves que la enmarcan, el castillo ha cambiado de dueños, de estilos y de funciones sin abandonar su altura. Su historia permite seguir cómo un paisaje local acompañó el crecimiento de la villa y el destino de su edificio más reconocible.
Una fosa entre la Virgen y Camamila
Illueca se encuentra en el Sistema Ibérico, a 599 metros sobre el nivel del mar. La fosa tectónica no es aquí una idea abstracta: es el marco geográfico que comparten el río Aranda y la localidad, con macizos montañosos a ambos lados. El dato ayuda a reconocer el contraste del lugar: el río atraviesa una zona baja y el castillo se alza en un punto rocoso destacado. No hace falta atribuir al río la formación de la fosa para advertir cómo sus elementos se encuentran en el paisaje de Illueca.
La clasificación geotécnica del término muestra que bajo ese escenario no hay un único tipo de material. El grupo de areniscas, conglomerados y flysch representa el 47,70 %; pizarras y esquistos, el 32,28 %; y calizas, dolomías y mármoles, el 8,95 %. También registra gravas y arenas compactas, con un 3,57 %, y masa de agua, con un 2,27 %. Son categorías de la escala municipal: describen la variedad del término, no identifican por sí solas la roca concreta bajo el palacio.
Ese mosaico de materiales y el relieve de la fosa cuentan dos cosas distintas, pero compatibles: la localidad se encuentra en un marco tectónico recorrido por el Aranda, y el castillo ocupa un espolón rocoso. La descripción del edificio precisa además que fue levantado en mampostería y ladrillo; no convierte esos materiales constructivos en una muestra automática de la geología del cerro. En Illueca, la relación más visible entre sustrato e historia es espacial: el palacio se encaramó en la altura mientras la villa y el río ocupan el mismo paisaje.
El castillo se afirma sobre el espolón
El castillo-palacio ocupa la cota más alta de Illueca y se emplaza sobre un espolón rocoso. Su forma rectangular, muy alargada, y su fábrica de mampostería y ladrillo lo convierten en una presencia construida sobre la prominencia natural. Las obras se prolongaron lo suficiente para que el conjunto reúna estilos mudéjar, renacentista y barroco. No es una arquitectura de un solo momento: la construcción fue incorporando etapas, y el edificio que hoy identifica la villa guarda esa suma de cambios.
El castillo-palacio de Illueca ocupa un espolón rocoso; la imagen acerca la elevación que lo distingue en el paisaje local.
La historia del castillo empieza a asomar en los documentos medievales. En el siglo XII, Pedro Taresa, señor de Borja, tuvo la posesión de la localidad y del castillo. En el siglo siguiente, Illueca y Gotor formaron una baronía que Jaime I concedió al hijo del último rey moro de Mallorca, a quien había adoptado tras su conversión. La baronía quedó ligada a esa familia desde 1250 hasta 1343, con una breve interrupción durante el reinado de Pedro III. El edificio seguía en el mismo espolón mientras cambiaba el linaje que gobernaba el territorio.
Los Luna heredan Illueca
En 1343, al morir sin descendencia Ximen Pérez de Gotor, heredó la baronía su hermana María Pérez de Gotor. Su matrimonio con Juan Martínez de Luna abrió una nueva etapa para el castillo: desde mediados del siglo XIV hasta la segunda mitad del XVII lo rigió el linaje de los Luna. En 1328 había nacido en Illueca el segundo hijo de la pareja, Pedro de Luna y Gotor, futuro Benedicto XIII. La altura que domina la villa quedó así unida a una historia familiar que llegó mucho más allá del señorío local.
El edificio también fue cambiando mientras esa familia lo gobernaba. En su interior hay yeserías barroco-mudéjares del siglo XVII y dos salas con frisos gótico-mudéjares. La Sala Dorada fue salón de protocolo; la Sala de la Alcoba es el lugar de nacimiento de Benedicto XIII. Otra estancia, la antigua capilla, sirvió de mausoleo y allí reposaron los restos del pontífice. Son espacios con funciones distintas dentro de un mismo conjunto: residencia, representación y memoria quedaron reunidas en el palacio que domina Illueca.
Una villa compartida por tres comunidades
La vida medieval de Illueca no se reducía a la familia que poseía el castillo. En la localidad vivía una comunidad musulmana importante, y cristianos, musulmanes y judíos compartían el espacio urbano. La primera referencia documental a la aljama judía —la comunidad organizada— data de 1424. Las noticias disponibles señalan que no había calles o barrios habitados exclusivamente por una sola comunidad, aunque algunos vecinos prefirieran tener por colindantes a personas de su misma religión.
Cuando surgían asuntos que incumbían a todos los moradores, las comunidades se reunían para deliberar y tomar acuerdos. Al principio del siglo XV participaban el concejo cristiano y la aljama musulmana; más tarde también lo hacía la judía. Esa vida compartida añade otra escala a la historia del espolón: en lo alto se sucedieron señores y estilos arquitectónicos, mientras en la villa los habitantes afrontaban conjuntamente cuestiones comunes. El castillo marcaba una presencia visible, pero Illueca era también un lugar construido por quienes convivían bajo él.
El Aranda acompaña nuevos oficios
El río vuelve a aparecer en la historia cuando, en el siglo XVII, se instalaron junto a sus orillas tres curtidurías. Su emplazamiento junto al Aranda está documentado; ese dato conecta el curso de agua con una actividad concreta de la villa, sin necesidad de atribuirle otros usos que no constan. El río que atraviesa la fosa forma parte así de una historia de trabajo, además de ser un rasgo del paisaje.
El río Aranda atraviesa Illueca, junto al lugar donde se documentan curtidurías desde el siglo XVII.
A mediados del siglo XIX, Illueca estaba ligada a la fabricación de paños y contaba con más de un centenar de telares.
La economía fue cambiando de nuevo. La fabricación de calzado es hoy la industria predominante, y su impulso comenzó en la década de 1920. La consolidación llegó en 1940, con un aumento de la producción y la aparición de numerosas fábricas, muchas de las cuales aún persisten. La agricultura, con base vitícola, también forma parte de la actividad local, aunque la industria constituye la base económica de la villa. De las curtidurías junto al río a las fábricas de calzado, Illueca fue sumando oficios en un término cuya geografía enlaza el curso del Aranda, la fosa y las sierras.
El palacio cambia de manos y queda en la villa
La casa de los Luna mantuvo su señorío durante siglos, pero tampoco esa etapa fue definitiva. En 1665, Ana Polonia Manrique de Luna vendió el señorío a Francisco Sanz de Cortés, marqués de Villaverde desde 1670. Más tarde, la herencia pasó a los Muñoz de Pamplona, condes de Argillo, y después los Bordiu heredaron el señorío y donaron el castillo al pueblo. La sucesión de propietarios acabó dejando el edificio en manos de la comunidad a la que había acompañado desde la altura.
El castillo fue declarado monumento nacional en 1931 y bien de interés cultural en 1985. Su destino resume la transformación: de sede de linajes a patrimonio de Illueca, sin dejar el espolón rocoso donde se alza. A sus pies, el Aranda sigue atravesando la fosa entre las sierras. El palacio ya no pertenece a los Luna, pero la silueta que dejaron sigue uniendo la villa con su relieve.
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