Historia geológica Localidad Illas

Illas, entre lomas y libertad

Illas se extiende por un relieve de fuertes pendientes, entre caseríos y montes que alcanzan los 623 metros. Sobre ese paisaje, sus habitantes sostuvieron durante siglos una disputa por gobernarse que terminó llevando el Ayuntamiento al pórtico de San Julián.

La Peral, uno de los núcleos rurales de Illas, entre prados, viviendas y laderas.

La Peral, uno de los núcleos rurales de Illas, entre prados, viviendas y laderas.

Foto: Carmenmoran, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

En septiembre de 1835, el Ayuntamiento de Illas empezó a reunirse en el pórtico de la iglesia de San Julián. No era solo un nuevo lugar para celebrar reuniones: el concejo acababa de alcanzar la libertad municipal que reclamaba desde hacía tiempo. Aquel cambio tiene un escenario muy concreto, en una comarca de lomas, pendientes y núcleos dispersos. Para comprender cómo se llegó hasta el pórtico, conviene seguir dos historias a la vez: la de una comunidad que buscaba gobernarse y la del terreno que ha permanecido bajo sus casas y caminos.

La tensión se había hecho visible mucho antes. En 1809, el pueblo no admitió al alcalde de Illas nombrado en Avilés. El desacuerdo no nació entonces: durante siglos, las tierras del concejo habían estado vinculadas a poderes e instituciones externos. A la larga, los habitantes obtuvieron un ayuntamiento propio; pero la historia de esa autonomía se desarrolló sobre un territorio que nunca fue una llanura fácil de recorrer o de ocupar. Illas tiene fuertes desniveles, pocas superficies llanas y montes de poca altura cubiertos de arbolado.

Su paisaje se entiende mejor al mirar el mapa completo del concejo. Tiene 25,51 kilómetros cuadrados y se reparte entre lugares como La Peral, Callezuela —la capital—, Sanzadornín, Viescas y Piniella. La mayor elevación es el Pico Friera o Bufarán, de 623 metros; buena parte del resto del territorio queda entre los 200 y los 400 metros. No hace falta imaginar una frontera montañosa para reconocer el carácter accidentado del relieve: las pendientes y los desniveles son parte de la geografía local descrita para Illas.

Huellas antiguas en un terreno de lomas

Mucho antes de la disputa municipal, el territorio ya guardaba señales de presencia humana. En Illas se conocen dos necrópolis tumulares, en La Reigada y en el Cerru de la Peña. Una necrópolis tumular es un conjunto funerario asociado a túmulos, montículos que marcan enterramientos. Esas huellas destacan en un registro arqueológico que cuenta con pocos yacimientos para la prehistoria y los primeros siglos de la historia asturiana. No permiten reconstruir escenas concretas, pero sí sitúan a Illas dentro de un paisaje habitado desde tiempos antiguos.

Las referencias escritas aparecen mucho después. En el siglo XI, los condes Piniolo y Aldonza donaron al monasterio de San Vicente de Oviedo la villa de Viesca. Esa mención permite relacionar Viescas con la demarcación altomedieval de Gozón, un territorio asociado al castillo de Gauzón. En el siglo XII, la Mitra de Oviedo y el monasterio de San Vicente aparecen entre las instituciones con propiedades mejor documentadas en Illas. También constan propiedades de las familias Valdés y Alas. El concejo todavía no era una entidad autónoma como la actual: formaba parte de un entramado territorial de poderes y posesiones.

Mientras cambiaban esas dependencias, el sustrato ofrecía otra clase de historia. El estudio geotécnico identifica pizarras y esquistos como la categoría predominante en su clasificación del concejo, con un 43,34 %. Registra también calizas, dolomías y mármoles (3,45 %), además de arenas finas y limos (2,74 %). Son materiales distintos, y esas cifras describen la clasificación geotécnica de Illas, no la composición demostrada de una construcción concreta. La descripción municipal del relieve —montes, desniveles y escasez de tierras llanas— acompaña ese mosaico de materiales, sin que ello permita atribuir a una roca determinada el origen de una pendiente concreta.

La misma información técnica señala formaciones carbonatadas medianamente karstificadas, con formas kársticas importantes dispersas en ocasiones. También identifica áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales y zonas con posibles movimientos de tipo deslizamiento o desprendimiento. Son procesos que forman parte de la caracterización geotécnica municipal; no describen necesariamente un punto específico del concejo. Así, la geología de Illas no se reduce a una sola clase de roca: junto a las pizarras y los esquistos aparecen materiales carbonatados y sedimentos finos, en un territorio cuyo relieve es marcadamente irregular.

La iglesia de San Julián en Callezuela. Su pórtico quedó ligado a la autonomía municipal de Illas desde 1835.

La iglesia de San Julián en Callezuela. Su pórtico quedó ligado a la autonomía municipal de Illas desde 1835.

Foto: Carmenmoran, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

De Gozón a la tutela de Avilés

En el siglo XIII, el vínculo político cambió de escala. Fernando IV incorporó Illas al alfoz de Avilés: un alfoz era el territorio dependiente de una villa. El 7 de octubre de 1309, una concesión incluyó en ese alfoz las tierras de Gozón, Carreño, Illas, Castrillón y Corvera. La relación con Avilés acercaba el concejo a una villa de mayor peso urbano, pero también puso en primer plano el deseo de autogobierno de sus habitantes. La dependencia no fue una condición abstracta: dejó rastros de fricción en la documentación y en los pleitos.

Durante el siglo XIV continuaron las tensiones. Illas y Avilés pleitearon en 1335, y las fuentes también describen injerencias de la familia Quiñones en el concejo durante este periodo. No hace falta convertir ese conflicto en una lucha entre montañas y ciudad: las fuentes relacionan la disputa con la dependencia política y las aspiraciones de autogobierno. El relieve sí forma parte del escenario material donde vivían sus habitantes. Illas era un territorio rural de pendientes y caseríos, mientras Avilés ejercía una tutela desde un centro urbano de mayor tamaño.

En los siglos modernos no se registran grandes transformaciones políticas. Illas permaneció bajo la jurisdicción de Avilés; sus actividades eran agrarias y sus caseríos, rurales. La continuidad de esa situación explica por qué la reivindicación de independencia podía seguir latente sin que el concejo desapareciera como comunidad. La geografía accidentada era una característica constante del lugar, no una prueba de que el terreno determinara las decisiones políticas. En el día a día, la economía local seguía ligada al campo: Illas contaba con pastos para la ganadería vacuna, destinada a producir carne y, sobre todo, leche.

El pórtico se convierte en casa municipal

Al comenzar el siglo XIX, la larga tensión volvió a mostrarse de forma directa. En 1809, los vecinos rechazaron al alcalde nombrado en Avilés. El episodio no resolvió por sí solo la dependencia, que persistió durante años, pero dejó una señal concreta de la voluntad local de autogobierno. En el paisaje del concejo seguían distribuidos Callezuela, La Peral, Viescas y los demás núcleos; el conflicto, en cambio, se decidía en la relación con la villa que ejercía la tutela.

La resolución llegó con la consolidación del régimen constitucional. En septiembre de 1835, Illas alcanzó la libertad municipal reclamada y su Ayuntamiento comenzó a reunirse en el pórtico de San Julián. El antiguo lugar de reunión permanece asociado a un cambio de escala política: el concejo ya podía administrar sus asuntos como municipio. La disputa con Avilés desembocó así en una institución local, no en la desaparición de las relaciones con la comarca. Illas seguía cerca de Avilés, pero desde entonces contaba con un Ayuntamiento propio.

Un siglo después, la expansión industrial de la comarca volvió a alterar la vida de Illas sin absorberla por completo. La instalación de Ensidesa en la ría de Avilés durante los años cincuenta impulsó cambios en el entorno. Illas mantuvo una orientación agraria y no se integró directamente en la red industrial, aunque sus habitantes participaron indirectamente como mano de obra. La población, que había descendido a 1.656 personas en 1950, creció hasta rondar las 1.800 entre 1960 y 1970. Más tarde, la crisis industrial y la reconversión iniciada en los años ochenta acompañaron un nuevo descenso.

En 1996 quedaban 1.223 habitantes, y el dato de 2025 sitúa la población en 1.048. Aun así, Illas se consolidó en el siglo XXI como lugar residencial para quienes buscan la cercanía de Avilés sin abandonar un entorno rural. La historia iniciada en el pórtico no borró la dependencia comarcal ni convirtió las laderas en terreno llano: dejó un municipio propio entre núcleos rurales, con una economía vinculada al campo y un sustrato de pizarras, esquistos y formaciones carbonatadas. En San Julián, el pórtico sigue siendo la imagen de aquella resolución; alrededor, las lomas recuerdan el escenario persistente de la vida local.

Tipos de terreno en Illas

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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