Entrena, el cerro entre reinos
En el cerro de El Conjuro, una torre vigía convirtió el relieve de Entrena en parte visible de una frontera disputada. Bajo aquella historia de repoblaciones y fortificaciones se extiende un paisaje de glacis, barrancos y materiales diversos.
Entrena vista desde el camino del cementerio nuevo, con el caserío entre las parcelas cultivadas.
Entrena se alza sobre el cerro de El Conjuro, en un municipio que desciende hacia una llanura abierta. Allí, en la Edad Media, una torre vigía marcó un lugar estratégico en una zona fronteriza. El relieve no explica por sí solo las disputas entre reinos, pero sí ofrece el escenario concreto donde se asentó la villa: un núcleo en altura, a 559 metros, rodeado por un término que combina llanos y primeras estribaciones montañosas.
El Conjuro levanta una torre vigía
La torre fue levantada por Alfonso I el Batallador en el cerro de El Conjuro. A su alrededor dispuso un destacamento, y el monarca pasó allí breves periodos de descanso. Un escrito de 1128 ya llamaba «Villa» a Entrena. La torre pertenece a una historia en la que el control del territorio cambiaba de manos y las plazas fuertes servían para proteger intereses en una región fronteriza entre los reinos de Aragón y Navarra.
Conviene retroceder para comprender por qué Entrena aparece una y otra vez en esa pugna. El pueblo se sitúa en la parte sur del término, donde comienzan las estribaciones de la sierra de Moncalvillo, y sobre El Conjuro. Al norte se abre un relieve más llano. La distancia entre el cerro y esa superficie tendida hace visible una transición: el núcleo ocupa una elevación local dentro de un paisaje municipal más amplio, no una montaña aislada.
El glacis y los materiales de Entrena
La mayor parte del término municipal se encuentra sobre un glacis descrito como antiguo cauce del Iregua. En el sur aparecen las primeras estribaciones de Moncalvillo; los barrancos que bajan de la sierra, entre ellos Ruicidera o río Daroca, cruzan el municipio de sur a norte. Los ríos son escasos y presentan un estiaje acusado. Así se dibuja un territorio de llanura, cerros y cauces de caudal reducido, una escala distinta de la de la torre, pero inseparable del lugar donde se organizó la villa.
El estudio geotécnico municipal clasifica el 68,98 % de los materiales como «areniscas, conglomerados y flysch», y el 27,97 % como «gravas y arenas compactas». Son categorías referidas al conjunto del municipio: no identifican automáticamente la roca del cerro ni el material de la torre. Sí permiten reconocer que el subsuelo de Entrena reúne materiales distintos y que las gravas y arenas compactas forman parte importante de esa descripción. El glacis y la clasificación geotécnica cuentan aspectos complementarios del terreno, sin que debamos confundirlos.
El relieve también se expresa en la forma del asentamiento. El núcleo está a 559 metros de altitud; la del municipio varía entre 500 y 600 metros. En Bastilla, las calles son escalonadas y concéntricas. La zona residencial se prolonga desde la ladera sur hacia la llanura, mientras que el Barrio de Las Bodegas ocupa la ladera norte, descrita como más fresca. Esas posiciones muestran cómo Entrena se reparte entre la pendiente y la superficie llana, aunque no bastan para atribuir cada decisión urbana a una causa geológica concreta.
En las zonas no labradas crecen robles, carrascos y encinos. La mayor parte del término se dedica a cultivos, y en 1995 el ayuntamiento cedió terrenos de los cerros San Lázaro, Tono y Cuatro Cantos a ICONA para repoblarlos con pinos. La escena actual, por tanto, no es únicamente la del cerro medieval: también incluye el mosaico de usos y vegetación que se extiende por el municipio. La elevación de El Conjuro y la llanura del antiguo cauce forman el marco físico de una historia humana más larga.
Panorámica de Entrena y de los campos que se extienden alrededor del núcleo.
La Dehesa y los caminos anteriores
La presencia humana en la zona precede por muchos siglos a la torre. La Dehesa fue un poblado romano, y por allí pasaba la calzada de Zaragoza a Briviesca. Esas huellas sitúan a Entrena en un paisaje transitado y habitado antes de que las fronteras medievales dieran protagonismo a El Conjuro. No hace falta convertir la calzada en consecuencia del relieve para advertir el contraste: el mismo término reúne una antigua ruta, un asentamiento romano y, más tarde, una torre vinculada a la vigilancia.
A mediados del siglo VIII, Alfonso I reconquistó la villa, pero la tradición que le atribuía la fundación de Entrena hacia el año 750 fue corregida por la propia información histórica: sus incursiones no supusieron fundar pueblos. La zona no pasó a un reino cristiano hasta después de la conquista de Viguera por Sancho I Garcés, en 924. El paso de los siglos no dejó un único nombre. En 1044 aparece «Antelena»; en una escritura de 1074 se lee «Entedigone».
Antelena cambia de manos
Desde 1076 Entrena perteneció al reino de Castilla y a Alfonso VI. Por el valor estratégico de la zona fronteriza, el rey repobló y levantó plazas fuertes, entre ellas Entrena. La torre de El Conjuro, construida después por Alfonso I el Batallador, convirtió esa posición local en un punto de vigilancia con destacamento. La colina, en esta etapa, no es un decorado: es el lugar preciso que los poderes escogieron para instalar una defensa. La documentación la vincula además con estancias breves del monarca.
El control volvió a cambiar. En 1163 Sancho VI de Navarra repobló la villa tras reconquistar La Rioja, aprovechando la minoría de edad de Alfonso VIII de Castilla. En 1179, después de capitulaciones entre los monarcas y con intervención de Enrique II de Inglaterra, Entrena volvió a manos castellanas. La sucesión de autoridades da escala al conflicto: no era una torre enfrentada a una fuerza natural, sino un asentamiento sometido a decisiones y disputas de poder que afectaban a toda la región.
La villa aparece también en otras redes de autoridad. En 1168, el Cartulario de Santo Domingo de la Calzada cita a García Bermúdez como señor de Entrena y de Ausejo. Más tarde, la reina Estefanía favoreció a Entrena junto con otras poblaciones conocidas como las Siete Villas del Campo, y la donó al monasterio de Santa María la Real de Nájera. En 1189, tras pleitos entre el monasterio y el obispado de Calahorra, los monjes donaron la iglesia de Entrena al obispado. La villa era disputada no solo por los reinos: también intervenían señores y autoridades eclesiásticas.
Las fortificaciones caen en 1478
La rivalidad tuvo consecuencias materiales siglos después. Entrena quedó vinculada a los Arellano, señores de Cameros, mientras que Navarrete pertenecía a los Gómez Manrique. En 1478, los vecinos de Navarrete destruyeron unas fortificaciones construidas por los de Entrena. La respuesta no se produjo en El Conjuro: los de Clavijo y Lagunilla, vinculados a los Arellano, talaron el término de Ribafrecha, que era afín a los Manrique. La secuencia muestra un conflicto entre dominios que dejó daños en distintos lugares.
El episodio de 1478 termina con las fortificaciones destruidas y una represalia trasladada a otro término. La historia de la torre, en cambio, dejó un rastro distinto: es la que aparece representada en el escudo actual de Entrena. Ese emblema conserva la memoria del puesto levantado en El Conjuro, aunque no equivale a afirmar que la construcción medieval siga en pie. La villa, hasta la abolición de los señoríos, permaneció ligada a los condes de Aguilar y señores de Cameros.
Desde el cerro hasta el glacis, Entrena reúne dos escalas: la altura elegida para vigilar y el terreno extendido por el antiguo cauce del Iregua. La torre ya es memoria, pero el nombre de El Conjuro sigue señalando el escenario donde el relieve y la disputa política se encontraron.
¿Necesitas un estudio geotécnico en Entrena?
Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.
- Estudios firmados por geólogo acreditado
- Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
- Cobertura en toda España
Más de 1000 estudios realizados
Pide presupuesto gratis
Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.