Historia geológica Localidad El Montmell

El Montmell, Marmellar después del fuego

En Marmellar, las casas del antiguo núcleo se agrupan bajo la colina del castillo. Su historia pasa del refugio medieval al abandono de 1976, mientras el sustrato carbonatado de El Montmell guarda otra historia, mucho más lenta.

Vista del antiguo núcleo de Marmellar, con sus casas y la iglesia destacando en la ladera. El conjunto conserva la disposición del asentamiento ligado al castillo.

Vista del antiguo núcleo de Marmellar, con sus casas y la iglesia destacando en la ladera. El conjunto conserva la disposición del asentamiento ligado al castillo.

Foto: Enfo, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Marmellar, el castillo ocupa la cima de una colina y el antiguo templo queda a sus pies. Las casas que se extendieron al abrigo de esa fortificación forman hoy un núcleo abandonado, una presencia silenciosa en el paisaje de El Montmell. La escena actual contiene dos tiempos distintos: el de una comunidad que organizó su vida alrededor de un lugar defendible y el de las rocas carbonatadas que componen, a escala municipal, el sustrato descrito por el estudio geotécnico. Ninguno explica por sí solo al otro, pero juntos ayudan a entender el terreno y la huella humana que permanece.

Marmellar no desapareció de golpe de la memoria del municipio. Sus primeros datos documentales se remontan a 1023, y la población se originó al amparo de su antiguo castillo. Muchos siglos después, en 1976, el núcleo quedó abandonado cuando un incendio asoló la zona. Entre esos dos hitos se despliega la historia de un asentamiento ligado a una colina y, al final, separado de su vida cotidiana por una transformación abrupta. La fortificación y el templo aún permiten reconocer la forma del lugar; el abandono, en cambio, señala el corte que puso fin a la ocupación.

Marmellar crece al abrigo del castillo

La primera pista escrita sobre Marmellar es escueta: 1023. No equivale necesariamente al comienzo de la población, pero fija una fecha temprana para su presencia en los documentos. La descripción local sitúa su origen bajo la protección del castillo, y el emplazamiento hace visible esa relación: la construcción rectangular y parte de la muralla se conservan en la cima de la colina; el antiguo templo del castillo se encuentra más abajo. El relieve organiza la escena en niveles, con la fortificación arriba y el edificio religioso a sus pies.

Ese conjunto no se reduce a una silueta de piedra. El templo románico, construido en el siglo XI, tenía una sola nave, ábside y bóveda de cañón. Durante un tiempo también se utilizó como fortificación. Esa doble función enlaza la vida religiosa con las necesidades defensivas del asentamiento, sin convertirlas en episodios separados: en una misma colina, castillo y templo formaban parte de la estructura local. En el interior se hallaron pinturas murales; fueron restauradas y trasladadas al Museo Nacional de Arte de Cataluña. Parte del patrimonio, por tanto, salió del edificio, mientras la construcción siguió formando parte del paisaje.

Una frontera que tarda en poblarse

El entorno de El Montmell estuvo bajo dominio sarraceno hasta mediados del siglo X. La repoblación no se hizo efectiva hasta finales del siglo XI, porque la zona era territorio fronterizo. Es un cambio de escala respecto a la colina de Marmellar: las fechas del castillo y de los núcleos cercanos se leen dentro de una frontera más amplia, donde el control del territorio y la consolidación de poblaciones avanzaron con el tiempo. La historia documentada no ofrece una escena única de fundación, sino varias señales que, reunidas, muestran cómo se fue articulando el poblamiento.

El castillo de Montmell aparece en documentos de 974, con posesiones que se extendían hasta Vila-rodona. Aiguaviva figura en 1090 como parte de esas posesiones, mientras que los primeros datos de Marmellar son de 1023. Son referencias a lugares y situaciones distintas, no una sola cronología para todo el término. También la fuente de Juncosa aparece en documentos en 1011: estuvo en posesión de la orden del Temple hasta que pasó a manos de la corona en 1367. La fuente deja ver que el agua tenía una historia de propiedad y administración, aunque esos datos no describen su origen geológico ni identifican el acuífero del que procedía.

El agua y las rocas carbonatadas

La clasificación geotécnica de El Montmell atribuye el 100 % de los materiales registrados a calizas, dolomías y mármoles. Se trata de una descripción municipal: no permite afirmar que la piedra de un edificio concreto de Marmellar proceda de una formación determinada, pero sí ofrece una imagen del sustrato a escala del término. Son materiales carbonatados, y esa característica importa porque el agua puede transformarlos lentamente. Al atravesar el suelo y las grietas, el agua de lluvia incorpora dióxido de carbono y se vuelve ligeramente ácida; con el tiempo, puede disolver parte de esos minerales y ensanchar las fisuras.

Cuando la disolución abre conductos y cavidades en rocas carbonatadas, el relieve resultante se llama kárstico. No se forma como una grieta súbita: es un proceso gradual, aunque las cavidades que deja pueden, en determinadas circunstancias, contribuir a hundimientos. El estudio geotécnico califica las formaciones carbonatadas del municipio como medianamente karstificadas, con karsts importantes dispersos, y señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Eso describe una condición del término, no un hundimiento localizado bajo las casas o el castillo de Marmellar.

El mismo estudio caracteriza los acuíferos como extensos, discontinuos y locales, de permeabilidad y producción moderadas. La fuente de Juncosa, mencionada en 1011, pertenece a la historia humana del agua; la clasificación geotécnica, a la descripción del comportamiento del sustrato. Poner ambas informaciones en paralelo permite entender por qué el agua puede ser relevante en este territorio, sin confundir una referencia histórica con una prueba sobre el origen de una fuente concreta. El paisaje carbonatado se transforma lentamente, mediante la circulación del agua y la disolución, pero no hay que atribuirle por eso la ubicación del castillo ni el abandono del pueblo.

Las casas abandonadas de Marmellar muestran la huella visible del núcleo que quedó deshabitado en 1976.

Las casas abandonadas de Marmellar muestran la huella visible del núcleo que quedó deshabitado en 1976.

Foto: Enric, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El templo conserva otra etapa de Marmellar

El antiguo templo románico concentra una parte singular de la historia del núcleo. Su nave única, su ábside y su bóveda de cañón describen un edificio del siglo XI; la utilización posterior como fortificación añade una función ligada a la posición del conjunto en la colina. No hace falta atribuir a la roca una procedencia local concreta para reconocer el valor de esa arquitectura: los datos disponibles describen la forma y la historia del templo, no la cantera de sus materiales. La colina es el marco físico del edificio y de la relación entre este y el castillo.

Las pinturas murales también tuvieron un destino propio. Fueron restauradas y trasladadas al Museo Nacional de Arte de Cataluña, de modo que hoy la memoria material del templo se reparte entre el edificio y las obras que salieron de él. La población, entretanto, había nacido al abrigo del castillo y quedó vinculada a este conjunto. Muralla, construcción rectangular y templo permiten seguir esa organización sobre el terreno, aunque no reconstruyen por sí solos cada detalle de la vida cotidiana. Lo que sí muestran es que el núcleo tuvo una forma reconocible, construida alrededor de la colina y de sus edificios principales.

El incendio de 1976 cambia el destino del núcleo

La ruptura llegó en 1976. Un incendio asoló la zona y Marmellar quedó abandonado. La información disponible vincula el incendio con el abandono, pero no detalla qué edificios fueron afectados ni describe cómo se produjo la salida de los habitantes. El resultado sí está claro: el núcleo dejó de estar habitado. El contraste con los siglos anteriores es fuerte. En la colina, el castillo había dado abrigo al asentamiento; en el siglo XX, un incendio en la zona precedió al final de esa ocupación. No hay que hacer del sustrato carbonatado la causa de ese desenlace: la historia del fuego y la historia de las rocas son procesos distintos.

El abandono no borró todas las huellas. Se conserva una construcción rectangular y parte de la muralla del castillo; también permanece el antiguo templo, con su trayectoria entre lugar religioso y fortificación. Las pinturas, restauradas y trasladadas, sobreviven fuera de Marmellar. El propio núcleo aparece hoy entre los ocho asentamientos urbanos del municipio, pero identificado como abandonado. Así queda fijado su desenlace: la vida del pueblo terminó después del incendio de 1976, mientras que una parte de sus edificios y de su patrimonio continuó en pie o encontró otro lugar donde conservarse.

En Marmellar, la colina sigue reuniendo esas dos historias sin confundirlas. Arriba, el castillo y la muralla recuerdan el asentamiento que nació a su abrigo; en el municipio, las rocas carbonatadas y el agua continúan su transformación lenta. El fuego cerró la etapa habitada del núcleo, pero no eliminó la forma del lugar. Las casas y el templo que permanecen hacen visible, todavía, dónde estuvo ese refugio.

Tipos de terreno en El Montmell

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha
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