Cospeito conserva en Nabalverde el relato de una población bajo el agua
La tradición de Nabalverde sitúa una población desaparecida donde hoy está la laguna de Cospeito. El paisaje permite acercarse a ese relato, pero distinguir lo que cuenta la memoria de lo que demuestra el terreno cambia la forma de mirar el humedal.
Laguna de Cospeito, escenario del relato tradicional de Nabalverde.
Nabalverde tiene dos rostros en Cospeito: el de una laguna real y el de una población que, según la tradición recogida por el Concello, desapareció bajo sus aguas. El relato municipal menciona también el nombre de Vería y habla de habitantes de palafitos o ciudades lacustres. No ofrece una excavación que pruebe aquel desenlace, sino una memoria transmitida alrededor de un lugar concreto: la laguna de Cospeito y A Lama de Santa Cristina.[1]
¿Hasta dónde puede explicar el terreno la población sumergida de Nabalverde? La pregunta obliga a mirar por separado el agua que permanece, los materiales del municipio y los testimonios que atribuyen al fondo restos de construcciones. Su relación resulta sugerente; convertirla en una inundación demostrada sería ir más lejos que las evidencias disponibles.
Una población desaparecida y una iglesia en el relato
La laguna no es el único lugar reconocible de la leyenda. La historia publicada por el Concello enlaza la supuesta inundación con una capilla que la Virgen habría ordenado levantar en el cercano lugar de O Monte. La narración sitúa allí el templo de Santa María de Feria del Monte, en la capital municipal. Esa conexión pertenece expresamente a la tradición, no a una secuencia geológica fechada.[1]
El agua organiza así una explicación del paisaje y de un lugar de culto. Si conoces Feria del Monte, el relato te propone mirar hacia la laguna como hacia el escenario de una pérdida. Es una lectura cultural del territorio: conserva nombres y relaciona lugares, aunque por sí sola no permita reconstruir cómo se formó el humedal.
El texto municipal añade un detalle más tangible. Atribuye a Boán y al padre Gándara noticias de tejas, ladrillos, hierros y otros materiales bajo las aguas. Pero esos testimonios llegan a través de una referencia posterior: el extracto no aporta inventario arqueológico, ubicación precisa de los hallazgos ni datación.[1]
Un objeto mencionado no fecha una inundación.
¿Demuestran esas noticias que existió una ciudad lacustre? No con la documentación reunida. Permiten afirmar que la historia municipal recoge testimonios sobre posibles restos, pero no establecer su antigüedad, su contexto o la causa por la que habrían quedado allí. La distinción mantiene el interés de Nabalverde sin presentar la leyenda como un descubrimiento arqueológico confirmado.
El agua existe aunque falte la fecha del comienzo
El escenario físico sí está documentado. Cospeito pertenece a la Terra Chá y presenta un relieve principalmente llano, con ligeras ondulaciones. El Miño y sus afluentes Támoga y Abadín discurren por los límites sur y este del municipio. En ese territorio destaca la laguna que la descripción geográfica identifica como humedal.[2]
La llanura ofrece una escala distinta de la que propone la leyenda: no un acontecimiento repentino, sino una relación entre formas del terreno y presencia de agua. La geografía disponible permite situar la laguna dentro de ese paisaje poco accidentado; no permite asegurar que los ríos citados originaran Nabalverde ni reconstruir una antigua conexión entre ellos.
El apéndice técnico aporta una pista que debe manejarse con la misma cautela. Describe para el ámbito estudiado formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad, aunque capaces de albergar aguas subterráneas superficiales en zonas alteradas o fisuradas.[3] La permeabilidad es la facilidad con que el agua atraviesa un material: como comparación, puedes pensar en la diferencia entre un colador y un recipiente que deja escapar el agua muy despacio.
La geología sugiere que un terreno de baja permeabilidad puede favorecer la permanencia del agua cerca de la superficie. Es una explicación compatible con un paisaje húmedo, no una demostración del funcionamiento concreto de la laguna: la información municipal no identifica qué materiales hay exactamente bajo su fondo.
La diferencia importa. Ni una llanura ni una descripción general del subsuelo bastan para fechar el nacimiento de Nabalverde. Sí ayudan a formular la pregunta adecuada: qué condiciones del terreno permiten que el agua permanezca en ese lugar, antes de atribuirle una catástrofe.
No toda la Terra Chá tiene el mismo suelo
El material predominante en la relación técnica de Cospeito no es una arena de laguna: son las pizarras y los esquistos. El mismo documento recoge también arenas finas y limos, además de otros grupos de rocas y depósitos.[3] Esa diversidad impide imaginar el municipio como una única superficie uniforme, aunque su relieve sea mayoritariamente llano.
Si miras Nabalverde, conviene distinguir dos escalas. Una cosa es la composición general del territorio municipal; otra, la sucesión de materiales situada justo bajo el agua. El dossier informa de la primera, pero no entrega una columna del subsuelo de la laguna. Por eso no sería riguroso trasladar al humedal el material más abundante de todo Cospeito.
¿Permiten estas rocas contar aquí un antiguo mar o una época de volcanes? La documentación reunida no proporciona edades ni ambientes de formación locales suficientes para hacerlo. Tampoco incluye registros de dinosaurios, grandes mamíferos u homínidos asociados a Nabalverde. La ausencia de esos datos no demuestra que nunca existieran; únicamente impide incorporarlos a una reconstrucción verificable.
El lago de la tradición y el humedal documentado bastan para sostener la mirada. No hace falta añadir un océano remoto para que el agua de Cospeito plantee una cuestión geológica propia.
Las aves ocupan el lugar que la tradición dio a las casas
Patos y garzas pertenecen a la descripción documentada de la laguna, mientras que las viviendas sumergidas pertenecen al relato tradicional. El humedal está integrado en la Reserva de la Biosfera Tierras del Miño.[2] Son dos maneras distintas de reconocer el mismo lugar: una atiende a su naturaleza; la otra conserva una explicación transmitida sobre su pasado.
La relación más firme entre territorio y memoria está ahí. La tradición recogida por el Concello sitúa la desaparición de una población precisamente en un espacio ocupado por agua y la enlaza con Santa María de Feria del Monte.[1] Es razonable interpretar que el paisaje ayuda a mantener vivo el relato, aunque no permita confirmar el acontecimiento que cuenta.
El terreno explica un escenario posible para la permanencia del agua, no demuestra la población sumergida de Nabalverde. Cuando vuelvas a mirar la laguna de Cospeito, podrás reconocer ambas cosas sin confundirlas: el humedal que existe y la memoria de unas casas que la tradición coloca bajo su superficie.
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