Colmenar Viejo sacó de sus canteras piedra para las calles de España y La Almudena
Los martillos vuelven a sonar durante las fiestas patronales de Colmenar Viejo, donde los canteros muestran un oficio que sostuvo numerosas vidas. Para entender cómo aquel trabajo llegó hasta las calles de otras ciudades, hay que seguir el recorrido de la piedra desde las canteras hasta el ferrocarril.
Colmenar Viejo al pie de la sierra de Guadarrama, en un territorio cuyo paisaje también fue transformado por la explotación del granito.
La «maquinilla» fue recibida con júbilo en Colmenar Viejo el 23 de julio de 1911. Su inauguración abría una conexión para transportar viajeros y productos hasta Madrid, y entre las actividades que aprovecharon aquel impulso estuvo la explotación de las canteras locales. El granito y el pórfido diabásico, las dos rocas que identifica el Ayuntamiento al explicar ese desarrollo industrial, alimentaron obras de pavimentación fuera del municipio. Bajo aquella celebración ferroviaria había también una oportunidad para quienes trabajaban la piedra.
El tren conectaba un recurso del terreno con sus destinos de construcción.
Antes de salir de Colmenar, había que entender el bloque
La fuerza no bastaba para ser cantero. La crónica de Madrid Norte sobre una exhibición celebrada durante las fiestas patronales describe una labor que exige precisión y, sobre todo, conocer cómo se comporta cada bloque de granito. Cuatro parejas mostraron al público el trabajo con las herramientas y técnicas aprendidas cuando eran jóvenes. El martillo y el puntero no aparecían como objetos de museo, sino en manos de quienes habían vivido del oficio.
¿Qué convertía una piedra disponible en el campo en un material aprovechable para construir? Entre ambos extremos estaba el conocimiento del cantero: trabajar el bloque y darle una forma útil. La demostración permite comprender esa distancia sin reducir el oficio a un ejercicio de fuerza. Como ocurre al ajustar una pieza para que encaje, importaba la precisión del trabajo, no solo la energía empleada.
Antonio Hernán, conocido en la localidad como El Picha, recuerda el peso de aquella actividad con una frase: «Albañiles y canteros, casi todos». Es un testimonio sobre el ambiente laboral que conoció, no un recuento de profesiones. Pero sitúa la piedra en la vida cotidiana de Colmenar Viejo, entre los empleos que ocupaban a buena parte de sus vecinos.
Si contemplas una de estas exhibiciones, ves algo más que una destreza manual: el encuentro entre un material local y una experiencia adquirida trabajando con él.
La «maquinilla» cambió la escala del trabajo
Una cantera podía abastecer obras; el ferrocarril ampliaba la conexión con los compradores. La explicación municipal del patrimonio industrial atribuye al tren un papel motor en el desarrollo económico y social de Colmenar Viejo. La Compañía Madrileña de Urbanización había conseguido comunicar la localidad con la capital para transportar tanto personas como productos.
¿Cómo se relacionó esa conexión con las rocas del municipio? El Ayuntamiento sitúa en ese impulso la entrada de Fomento de Obras y Construcciones, que abrió canteras de pórfido diabásico y granito. Su finalidad era abastecer el adoquinado y asfaltado de calles de importantes ciudades españolas y la pavimentación de carreteras. La presencia de aquellas rocas proporcionaba la materia prima; el transporte permitía incorporarla a una actividad de mayor alcance.
El granito no explica por sí solo el crecimiento. Tampoco lo explica una vía férrea aislada de los productos que podía transportar. En Colmenar Viejo coincidieron el recurso geológico, la explotación empresarial y la comunicación con Madrid. Esa relación concreta convirtió parte del paisaje en lugar de extracción y vinculó el trabajo local con obras situadas lejos de las canteras.
Durante la década de los años veinte, la localidad experimentó un importante desarrollo socioeconómico con numerosa mano de obra, según la descripción municipal. El mismo relato sitúa una crisis definitiva en 1931, coincidiendo con la proclamación de la Segunda República. La coincidencia temporal no debe confundirse con una explicación política de la crisis: lo que queda documentado es la interrupción de aquel ciclo de expansión.
De los adoquines a los bloques para La Almudena
La piedra colmenareña no tuvo un único destino. La documentación municipal recoge que, después de la Guerra Civil, continuó la explotación y se llevaron bloques para la catedral de La Almudena. Ese dato prolonga el recorrido de las canteras más allá del auge de los años veinte y de la crisis posterior.
¿Terminaba el oficio cuando acababa una etapa de crecimiento? La continuidad de la extracción demuestra que no. Cambiaban las obras y los momentos económicos, pero la piedra seguía saliendo de Colmenar Viejo. El abastecimiento de bloques para La Almudena es una conexión documentada entre la explotación local y una construcción concreta de Madrid.
La crónica sobre los canteros añade otros usos de la piedra: viviendas, fachadas, chalés, aceras y distintas obras públicas. No permite atribuir a las canteras locales cualquier muro que encuentres en el municipio, pero sí muestra la variedad de trabajos a los que estuvo ligado el oficio. Un material extraído del territorio podía acabar formando parte de espacios domésticos o de lugares de tránsito.
Muros de piedra en una calle de Colmenar Viejo; la cantería estuvo vinculada a viviendas, fachadas y obras públicas.
También quedó una huella en el lugar de origen. La descripción geográfica de Colmenar Viejo señala que la explotación tradicional del granito fue modificando el paisaje a lo largo del tiempo. No todo lo que ves alrededor de la villa corresponde, por tanto, únicamente a procesos naturales: la extracción de piedra intervino en su transformación. El paisaje productivo y el paisaje que hoy se contempla comparten ese pasado.
El oficio vuelve a reunirse ante los vecinos
Antonio siguió vinculado a la piedra incluso después de incorporarse a trabajar en el Canal, compaginando ambas actividades. Pedro, otro de los participantes citados por Madrid Norte, trabajó en la cantería hasta los 65 años. Son trayectorias personales que acercan aquella industria a una escala distinta de la empresa, la cantera o el ferrocarril: la de una vida laboral.
¿Qué conserva la exhibición cuando los bloques ya no se contemplan como una carga ferroviaria? Conserva la práctica. La Asociación de Canteros de Colmenar Viejo organiza una demostración con alrededor de cuatro décadas de trayectoria, en la que participan trabajadores de la localidad y de otros municipios. Centenares de personas se acercaron a observar la edición descrita por la crónica.
Si escuchas allí los golpes, puedes relacionarlos con los adoquines y los bloques que salieron de las canteras. No porque cada pieza tenga un destino conocido, sino porque el gesto muestra el trabajo necesario para aprovechar la piedra. La exhibición devuelve a la vista una parte de la actividad que dejó huellas en Madrid y transformó el paisaje colmenareño.
Colmenar Viejo abasteció aquellas obras porque reunió piedra aprovechable, trabajadores capaces de darle forma y una conexión que amplió su alcance. Durante las fiestas, ese recorrido vuelve a tener un sonido reconocible. El martillo golpea otra vez.
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