Historia geológica Localidad Boal

Boal, el granito que llamó a los mineros

Bajo la villa de Boal aflora un gran cuerpo granítico; en las laderas de Penouta, sus filones de cuarzo guardan minerales que llevaron a extraer wolframio a mediados del siglo XX. La historia empieza mucho antes y todavía pesa en las decisiones sobre el subsuelo.

La villa de Boal, asentada sobre el plutón granítico que da nombre a una de las formaciones más destacadas del concejo.

La villa de Boal, asentada sobre el plutón granítico que da nombre a una de las formaciones más destacadas del concejo.

Foto: Carmenmoran, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

La capital de Boal se encuentra a unos 450 metros de altitud, en la cabecera del río de Pendia y apartada del valle principal del Navia. Las montañas la rodean: Penouta se alza al norte y Penácaros hacia el centro del concejo. Aquí, el granito no es una pieza aislada del paisaje; forma parte del terreno sobre el que se asienta la villa y aparece junto a otras rocas que cuentan una historia más antigua.

El protagonista de esa historia es el plutón de Boal, un gran afloramiento de rocas graníticas que la descripción geológica del concejo destaca entre los más notables de Asturias. Pero la roca no está sola. En torno a ella hay pizarras, cuarcitas y vetas minerales; esa combinación convirtió el subsuelo en algo más que un soporte para pueblos y caminos. También ofreció recursos que distintas comunidades llegaron a extraer, aunque no siempre con los mismos objetivos ni en la misma época.

Boal se asienta sobre el plutón

Un plutón es una gran masa de roca granítica formada a partir de material magmático. En Boal, la masa plutónica se encuentra encajada en materiales del Ordovícico, dentro de una región marcada por pliegues desarrollados sobre rocas de edades distintas. La explicación geológica vincula esa reorganización de los materiales con la removilización magmática asociada a la orogenia herciniana.

Alrededor del plutón se extiende una aureola metamórfica: una zona de rocas transformadas en relación con la masa granítica. Su alcance supera los 1.000 metros desde la bóveda del plutón y llega hasta materiales cámbricos del valle de Rozadas y Vega de Ouria. Así, el cuerpo granítico no solo ocupa un lugar entre las rocas vecinas; su presencia forma parte de una historia de cambios que también afectó a las que lo rodeaban.

La disposición del conjunto se entiende mejor al mirar las capas y pliegues del concejo. Al oeste aparece un amplio sinclinal, es decir, un gran pliegue de los estratos, formado por pizarras de Luarca y flanqueado por cuarcitas armoricanas. Sobre el plutón hay además una cobertura silúrica de cuarcitas armoricanas y pizarras. Bajo Boal se encuentran, por tanto, rocas graníticas y una estructura geológica más amplia, hecha de materiales plegados y superpuestos.

Penouta abre el camino de los filones

En la vertiente meridional de la sierra de Penouta, el granito comparte espacio con filones de cuarzo cuya orientación predominante es noreste-suroeste. Un filón es una franja de mineral que rellena una discontinuidad en la roca; aquí, entre la masa plutónica y esas vetas, aparecen también rocas alteradas con depósitos minerales. La geología local dibuja así una transición desde el gran cuerpo granítico hasta las estrechas franjas que concentraron materiales de interés.

Entre esos minerales figuran feldespato, moscovita y clorita; en menor proporción se citan scheelita, wolframita y mispiquel. La scheelita y la wolframita fueron especialmente importantes para la historia minera del concejo: ambas permitieron desarrollar la extracción de wolframio a mediados del siglo XX. La riqueza no estaba distribuida como una capa uniforme, sino asociada a los filones y a las rocas alteradas que los acompañan.

También destaca en Boal la quiastolita, conocida popularmente como piedra de la suerte y por otros nombres tradicionales. Es una variedad de andalucita: sus inclusiones carbonosas, dispuestas de forma simétrica, producen una cruz característica cuando el cristal se corta en sección. La piedra convierte una estructura mineral en una figura reconocible, pero el mismo subsuelo ofrece otra lectura: la de los minerales que podían interesar a quienes buscaban extraer metal.

Muestra de quiastolita de Boal. Las inclusiones carbonosas forman la cruz característica cuando el cristal se corta en sección.

Muestra de quiastolita de Boal. Las inclusiones carbonosas forman la cruz característica cuando el cristal se corta en sección.

Foto: Lech Darski, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

Del wolframio a la piedra cruz

La imagen de la quiastolita ayuda a acercarse a una escala muy distinta de la del plutón. En el paisaje, la masa granítica ocupa un territorio amplio; en la muestra, una disposición interna de inclusiones se hace visible en unos pocos centímetros. Son dos formas de leer la geología de Boal: una mediante grandes cuerpos y pliegues, otra observando los minerales que componen o atraviesan las rocas.

La minería del wolframio aprovechó precisamente la presencia de scheelita y wolframita en el entorno de los filones. A mediados del siglo XX se desarrolló allí actividad extractiva. No hace falta imaginar una mina concreta para reconocer el cambio: el registro local enlaza una composición mineral particular con una actividad económica real. El granito y sus vetas dejaron de ser únicamente parte del sustrato y se convirtieron en un recurso trabajado.

La extracción de wolframio es el resultado humano más claro de ese episodio. El dosier no describe el tamaño de las explotaciones ni permite seguir el recorrido de cada mineral; sí documenta que la actividad se desarrolló y que la presencia de esos minerales la hizo posible. La historia no consiste en que todo el plutón se transformara en una mina, sino en que ciertas concentraciones minerales abrieron una oportunidad localizada dentro de un terreno mucho más extenso.

Los castros y las huellas del oro antiguo

La relación entre las comunidades y los recursos del subsuelo es anterior a esa minería. En la sierra de Penouta se han catalogado 72 túmulos funerarios, uno de los campos tumulares más extensos de Asturias. También se atribuyen probablemente al Neolítico los dólmenes cercanos a Llaviada, hoy desaparecidos, y el Penedo Aballón, una mole granítica oscilante situada cerca de Penouta.

El Penedo Aballón ya no se balancea: fue derribado en 2004, probablemente por actos vandálicos. Su caída cambió de manera irreversible una forma granítica que había llegado a conocerse por su equilibrio. Es una huella distinta de la minería: no se trata de extraer un mineral, sino de perder una configuración singular de la roca. La datación atribuida a ese paisaje antiguo es una suposición; la caída, en cambio, fija un episodio reciente y concreto.

En otros lugares del concejo, las pinturas antropomorfas de la Cova del Demo, cerca de Froseira, se consideran de la Edad del Bronce, aproximadamente entre 1500 y 1100 a. C. Los castros de Pendia, Los Mazos y La Escrita, junto con muestras de trabajo minero dedicado a la extracción de metales, dan cuenta del poblamiento prerromano. Las huellas no prueban que todos esos grupos explotaran los mismos filones: muestran, a distintas escalas, una larga presencia humana en el territorio.

La etapa romana dejó monedas y fragmentos de cerámica, además de recursos auríferos explotados en el concejo. Se ha relacionado probablemente el nombre de Vega de Ouría con una explotación de oro fluvial de aquel periodo. Esa interpretación enlaza el oro con los cursos de agua, mientras que los filones de cuarzo de Penouta cuentan otra historia mineral. No conviene confundirlas: son recursos y evidencias diferentes, reunidos por la continuidad de la actividad humana en Boal.

El futuro del subsuelo sigue en disputa

La extracción de wolframio pertenece a mediados del siglo XX, pero la posibilidad de reanudar la minería ha vuelto a poner el subsuelo en primer plano. Existen proyectos que pretenden retomar la actividad; organizaciones ecologistas los han criticado porque consideran que el objetivo último podría ser extraer metales preciosos como el oro, con un impacto ambiental más agresivo. La crítica expresa una preocupación sobre esos proyectos, no una descripción de una mina ya reabierta.

En Boal conviven así varios tiempos: la formación del plutón y sus rocas vecinas, las huellas de pobladores antiguos, la extracción de oro atribuida a época romana y la minería de wolframio del siglo XX. Cada episodio tuvo un resultado distinto. El Penedo Aballón perdió su equilibrio en 2004; la extracción de wolframio ocurrió; y los proyectos actuales han encontrado oposición antes de que pueda darse por hecha una nueva explotación.

La villa sigue asentada sobre el granito, mientras los filones de Penouta conservan su lugar en la historia geológica y minera del concejo. La roca que atrajo a los mineros no explica por sí sola todas las decisiones futuras, pero sí permite entender por qué Boal vuelve a discutir qué hacer con lo que guarda bajo sus montañas. El plutón permanece; la disputa actual es cómo relacionarse con sus recursos.

Tipos de terreno en Boal

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha
  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Boal

El riesgo sísmico se evalúa a nivel municipio. Estos son datos agregados de la zona.

Magnitud máxima registrada M 3.4 Escala de Richter
MáxM 3.4
MediaM 2.1
Máx Media
Eventos registrados
9
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 2.9) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.4 2022
  • 2 M 2.2 2020
  • 3 M 2.2 2024
Último sismo registrado
2025
M 1.8 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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