Benissanó dio refugio al gobernador en un paisaje de roca permeable
En 1519, el gobernador de Valencia se apartó de la peste en el castillo de Benissanó; después volvió a refugiarse allí durante las Germanías. El pueblo se alza sobre un terreno de rocas carbonatadas y aguas que pueden filtrarse por ellas: ¿qué cuenta ese paisaje de la fortaleza?
El Portal de Valencia, uno de los restos conservados del recinto amurallado de Benissanó.
En el verano de 1519, el castillo de Benissanó recibió a un huésped que buscaba alejarse de la peste que afectaba a Valencia: el gobernador Luis de Cabanilles. La fortaleza volvería a servirle de refugio en tiempos de conflicto. No era una casa aislada en el campo, sino el núcleo de un pueblo levantado en un altozano, dentro de una llanura suavemente ondulada. ¿Qué parte de esa historia se explica desde el terreno?
¿Cómo llegó un castillejo a convertirse en refugio?
Mucho antes de que el gobernador cruzara sus puertas, Benissanó ya se organizaba alrededor de una fortificación. El pueblo surgió en el siglo XII, cuando las edificaciones rodeaban un «castillejo» de origen musulmán. La palabra señala una construcción modesta frente al castillo que hoy domina el relato, pero también deja ver una continuidad: el lugar fortificado precedió al núcleo que creció a su alrededor.
La historia escrita da otro paso en noviembre de 1249, cuando la alquería de Benizanó aparece en una donación recogida en el Libro del Repartimiento. El territorio pasó después a ser considerado pueblo de señorío y Benissanó fue reconocido como jurisdicción propia por Jaume I. La alquería era una forma de poblamiento rural; no era todavía el castillo señorial que conocemos, pero el nombre del lugar ya estaba ligado a una comunidad asentada.
En la segunda mitad del siglo XV, el castillo se edificó sobre el solar de una antigua alquería árabe llamada Benixanut. La fortaleza tenía puente levadizo y foso. Las murallas rodeaban el casco antiguo y enlazaban con el castillo, situado en su extremo norte. En el trazado actual, su recorrido se asociaba a las calles de las Cortes Valencianas, del Llimoner y a la carretera del Pozo de la Salud.
La defensa no era solo una pared. El foso y el puente levadizo establecían una entrada controlada; las murallas cerraban el perímetro. Parte de aquel recinto se conserva en portales y torreones restaurados. Si paseas por el Portal de Valencia, no estás ante una reconstrucción abstracta de la Edad Media: estás viendo uno de los restos que sobrevivieron del límite físico del antiguo pueblo.
Una calle del núcleo antiguo permite imaginar el trazado urbano que las murallas rodeaban.
A finales del siglo XV, Isabel Gallach adquirió el señorío de Benissanó. Su hijo Luis de Cabanilles lo heredó en 1503 y fue el primer señor de Benissanó. Dieciséis años más tarde, el castillo que se levantaba sobre la antigua alquería se convirtió en refugio frente a la peste de Valencia. La fortaleza reapareció en la crisis siguiente: desde 1520 hasta octubre de 1521, el gobernador se resguardó allí de los agermanados.
Dos episodios distintos dejaron así una misma huella en la historia local: el castillo funcionó como refugio en una época de enfermedad y en otra de enfrentamiento. No hace falta imaginar una escena que las fuentes no describen. Basta seguir la secuencia: el señorío, la fortaleza, la peste y las Germanías. El recinto construido para proteger un núcleo habitado tuvo también un papel en las decisiones de quienes gobernaban Valencia.
La llanura no es una página en blanco
Benissanó se encuentra al norte de la provincia de Valencia, en el Campo de Turia. El término es mayoritariamente llano, con suaves ondulaciones en el nordeste, mientras que el pueblo ocupa un altozano. Ese contraste —la elevación del núcleo frente a un entorno poco accidentado— ayuda a situar la fortaleza en el paisaje, aunque no demuestra por sí solo por qué se eligió ese emplazamiento.
La geología municipal aporta otra escala a la historia. En la clasificación del estudio geotécnico, las calizas, dolomías y mármoles forman el grupo predominante, con un 61.02%; las arenas finas y los limos representan un 14.43%. Son categorías distintas de materiales, no una descripción de cada parcela del pueblo ni una prueba sobre los cimientos del castillo.
Las calizas y las dolomías se forman habitualmente a partir de sedimentos carbonatados en mares poco profundos, un paisaje que puede imaginarse como una plataforma marina cálida y somera. La clasificación incluye también mármoles, que tienen una historia de transformación distinta. El dossier no fija cuándo se formaron estas rocas en Benissanó, pero sí permite reconocer que la historia del terreno es muy anterior a la alquería, las murallas y el señorío.
El agua aporta una pista más concreta. El estudio caracteriza como muy permeables ciertos acuíferos, generalmente extensos y productivos, y registra formaciones carbonatadas medianamente karstificadas. El karst es el relieve que se desarrolla cuando el agua se infiltra por las grietas de rocas como la caliza y, poco a poco, las disuelve y ensancha. Se parece a una red de pequeños conductos que crece lentamente dentro de la roca; en algunos lugares, ese proceso puede favorecer hundimientos actuales o potenciales.
Ese dato no convierte el castillo en una construcción asentada sobre una cavidad conocida. Sí añade una dimensión al paisaje que lo rodea: bajo una superficie tranquila, el agua puede circular por materiales permeables y modificar la roca a otra velocidad. La ficha de geología municipal menciona también la Fuente de la Salud entre los parajes naturales de Benissanó. Es una referencia local al agua, aunque no establece una conexión directa entre esa fuente y los acuíferos descritos en la clasificación.
La relación entre la fortaleza y el terreno se cuenta, por tanto, sin atribuir a la roca una decisión que no está documentada. El altozano, el foso, el puente levadizo y las murallas son hechos del paisaje y de la historia construida; la permeabilidad y el karst describen procesos del subsuelo municipal. Juntos hacen visible la diferencia entre una defensa levantada en pocas generaciones y una geología que se transforma con lentitud.
Un castillo, varias edades de Benissanó
El castillo no está solo en esa sucesión de tiempos. La iglesia primitiva se levantó en la segunda mitad del siglo XV sobre una antigua mezquita de origen árabe. Fue restaurada en 1945 y, tras la demolición del edificio original, en 1992 se bendijo una nueva iglesia. Es otra historia de cambios en el mismo municipio, aunque el relato del refugio sigue teniendo su centro en la fortaleza y sus murallas.
En Benissanó, el pasado medieval no se conserva únicamente en una fecha o en un edificio. Se reconoce en el castillo levantado sobre el solar de una alquería, en los tramos de muralla que seguían el contorno del casco antiguo y en los portales que aún marcan antiguos pasos. La geología no sustituye esa historia: la sitúa en un territorio donde conviven un altozano, materiales carbonatados y agua capaz de penetrar en la roca.
Cuando el gobernador se refugió aquí, el castillo ya formaba parte de una historia local de siglos. Y el terreno bajo el pueblo pertenecía a una historia mucho más larga, hecha de rocas y circulación de agua. El Portal de Valencia sigue ofreciendo una imagen concreta de aquel límite defensivo: una entrada construida por manos humanas en un paisaje cuyo cambio se mide en otro tiempo.
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