Historia geológica Localidad Barro

Barro tardó catorce años en fijar sus parroquias entre montes y regatos

En diciembre de 1836, Barro apareció como municipio de seis parroquias en el boletín provincial. ¿Qué paisaje de montes y regatos quedó dentro de aquel límite recién trazado?

Otra visita a la fervenza de Barosa

Otra visita a la fervenza de Barosa

Foto: juantiagues, CC BY-SA 2.0 — commons.wikimedia.org

En Barro, el mapa no se dibujó de una vez. Mientras sus parroquias cambiaban de jurisdicción y sus límites administrativos se ajustaban, el terreno seguía desplegando montes, valles y pequeños regatos. La historia del municipio arranca con una frontera de río y se cierra, por ahora, en un relieve hecho de cursos de agua y rocas muy distintas entre sí. ¿Cómo se cruzaron esas dos maneras de ordenar el territorio: la de los mapas y la del paisaje?

El Ulla movió una frontera y abrió la disputa

En 1822, el término que hoy llamamos Barro formaba parte del ayuntamiento constitucional de Trasumia y del partido judicial de Caldas de Reyes. La división de Galicia en cuatro provincias alteró el tablero: el partido pasó de nueve a trece ayuntamientos. El cambio respondía al establecimiento de una nueva frontera entre Pontevedra y A Coruña, marcada por el río Ulla.

Un río puede convertirse en una línea política sin dejar de ser agua corriente. Para quienes ordenaban el territorio, el Ulla ofrecía un límite reconocible; para las parroquias, ese trazo significó que la organización administrativa podía cambiar aunque las aldeas siguieran en su sitio. En 1823, el decreto de Fernando VII suprimió el ayuntamiento constitucional de Trasumia y devolvió la organización al régimen anterior. La frontera administrativa había vuelto a moverse.

La geografía no redactó aquellas decisiones, pero sí puso un río concreto en el centro de una nueva división provincial. Esa diferencia importa: el Ulla aparece en la historia de Barro como referencia para el límite entre provincias, no como explicación automática de cada cambio local. El paisaje ofrecía líneas visibles; las autoridades decidían cómo convertirlas en jurisdicciones.

En 1836, seis parroquias encontraron sitio en el mapa

La vuelta atrás de 1823 no fue el final. El real decreto de 23 de julio de 1835 dispuso la creación de nuevos ayuntamientos, y los comisionados de Caldas de Reyes propusieron uno llamado Barro. Su primera propuesta, fechada el 23 de agosto, le asignaba siete parroquias y 2.459 habitantes. El mapa todavía no estaba cerrado.

El expediente pasó después a la Diputación provincial de Pontevedra. En junio de 1836 llegó una nueva propuesta: el municipio que sería Barro quedaba con seis parroquias, tras perder Romai en favor de Portas. El 3 de diciembre de ese año, el nuevo municipio ya figuraba en el boletín provincial. No fue una frontera natural la que decidió cuántas parroquias reunir, sino una sucesión de acuerdos; aun así, cada trazo tenía que abarcar un territorio real, con sus montes, valles y poblaciones.

Ahí está el giro de esta historia. Barro no nació de una sola línea dibujada en un despacho: atravesó propuestas, una supresión y una nueva delimitación hasta adquirir una forma administrativa reconocible. La fecha de 1836 fija el desenlace de ese episodio, pero el paisaje que quedó dentro del término municipal era mucho más antiguo en su forma que cualquier expediente.

De Porráns a San Antoniño, también cambió el centro

La capitalidad tampoco permaneció inmóvil. Durante el siglo XIX, la cabecera municipal se situaba en Porráns o en Coruto; desde 1900 aparece en San Antoniño, en la parroquia de Perdecanai, donde se encuentra la casa consistorial. El desplazamiento añade otra escala a la historia: no solo se ajustó el contorno del municipio, también cambió el lugar desde el que se lo gobernaba.

La causa de ese traslado no está establecida en la información histórica disponible. Se ha planteado como posibilidad una mayor cercanía a Pontevedra, pero no como una razón demostrada. Lo que sí se puede seguir es la sucesión de lugares: Porráns o Coruto en las referencias del siglo XIX; San Antoniño a partir de 1900. El centro político se movió dentro de un municipio cuyo relieve no es una llanura uniforme.

El terreno sube hasta los 600 metros al suroeste, en la ladera del monte Castrove, y desciende hasta los 30 metros junto a un arroyo al norte. La capital se encuentra a 94 metros sobre el nivel del mar. Entre esos extremos se suceden montes y valles formados por pequeños regatos. Si recorres Barro de un lado a otro, el mapa municipal se convierte en una travesía de cambios de altura y cursos de agua.

Los regatos cortan un paisaje de rocas mezcladas

El relieve no es solo una silueta. El estudio geotécnico de Barro presenta un reparto de terrenos en el que el grupo de areniscas, conglomerados y flysch representa el 71,88 %; las arenas finas y limos, el 13,70 %; y las pizarras y esquistos, el 10,70 %. Son nombres de materiales, pero también pistas para imaginar cómo se formaron partes del terreno.

Las areniscas proceden de arenas acumuladas y endurecidas; los conglomerados, de cantos y gravas que quedaron cementados. Para imaginar estos últimos, piensa en un lecho de río con piedras redondeadas, transformado con el tiempo en roca. El flysch reúne alternancias de capas arenosas y arcillosas, como páginas diferentes apiladas una sobre otra. En conjunto, esas rocas remiten a sedimentos depositados en ambientes distintos: desde corrientes capaces de arrastrar gravas hasta fondos marinos donde se alternaban arena y barro.

Las pizarras y los esquistos cuentan otra clase de transformación. Son rocas modificadas por presión y calor, como una masa que cambia al quedar apretada y calentada durante mucho tiempo. En Barro aparecen junto a los otros grupos en el reparto del terreno. La información local no proporciona una edad para esas unidades, así que la historia se puede narrar a través de los materiales y el relieve, sin asignarles una fecha que no está documentada.

En ese mosaico, los regatos ofrecen la conexión más visible con la forma del paisaje: la descripción geográfica municipal atribuye a los pequeños cursos de agua la formación de los valles. Es una relación que puedes leer al pasar de las zonas altas a los fondos más bajos. La geología sugiere que la variedad de rocas y la acción del agua contribuyen a la diversidad del relieve; el dato directo es que montes y valles se organizan alrededor de esos regatos.

El río de Barro corre junto a la roca, una imagen que acompaña la explicación sobre los regatos y los valles.

El río de Barro corre junto a la roca, una imagen que acompaña la explicación sobre los regatos y los valles.

Foto: Frank Baulo, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El paisaje siguió reuniendo a Barro

Mucho después de que el municipio fijara su estructura, la vida local encontró otras formas de juntarse. Desde 1980 se celebra cada año la Festa do Viño, que nació como una manera de promocionar el vino de la zona y dar salida al exceso de producción. En sus primeras ediciones acudieron personas de toda Galicia. No hace falta atribuir esa celebración a una roca concreta para reconocer el vínculo con el territorio: sus productores y su vino son parte de la historia local documentada.

El nombre de Barro también quedó repartido entre seis parroquias y cincuenta y cinco entidades de población. Ese tejido humano se asentó en un municipio de alturas desiguales, arroyos y materiales diversos. Una geología así no explica por sí sola cada decisión política o económica; sí permite entender que el escenario donde esas decisiones tuvieron lugar nunca fue plano ni uniforme.

La pregunta del comienzo tiene una respuesta doble. En 1836, seis parroquias quedaron reunidas en un municipio, mientras el relieve que las contenía seguía marcado por montes, valles y pequeños regatos. Cuando mires Barro desde San Antoniño hacia las laderas del Castrove, el límite administrativo seguirá siendo invisible; el descenso del terreno y el trabajo del agua, no.

Tipos de terreno en Barro

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

    Ver ficha
  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

    Ver ficha
  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Barro

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.4 Escala de Richter
MáxM 2.4
MediaM 2
Máx Media
Eventos registrados
3
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.9) ocurre aprox. cada 15 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.4 2025
  • 2 M 2 2023
  • 3 M 1.6 2008
Último sismo registrado
2025
M 2.4 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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