Historia geológica Localidad Almoharín

Almoharín, la huella bajo la obra

En junio de 1991, unas obras junto al cuartel sacaron a la luz los cimientos de una villa romana. Bajo el Almoharín de las calles actuales aparecieron un molino, recipientes para guardar cereal y cerámicas: rastros de una vida agrícola que asomaron mientras la construcción destruía parte de ellos.

El caserío de Almoharín ante la sierra. El relieve cercano enmarca el núcleo y ayuda a situar el paisaje del que forman parte sus historias enterradas.

El caserío de Almoharín ante la sierra. El relieve cercano enmarca el núcleo y ayuda a situar el paisaje del que forman parte sus historias enterradas.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Almoharín se asienta en un paisaje de contrastes suaves. Al norte, la sierra de San Cristóbal alcanza los 856 metros y se ha convertido en un símbolo del pueblo; al noroeste se alzan la sierra de Montánchez y Cancho Blanco, conocido aquí como sierra de la Zarza. Entre esas alturas, buena parte del término es ondulada, con zonas llanas como Los Llanos y el camino de Sopetrán. Al este corre el río Búrdalo; al sur se abren las vegas del Guadiana.

San Cristóbal y el terreno de Almoharín

La sierra cercana y la llanura forman el escenario de una historia que no se ve de un vistazo. El estudio geotécnico de Almoharín clasifica como pizarras y esquistos el 84,43 % de los terrenos considerados. Es una descripción municipal: ayuda a reconocer los materiales predominantes en el término, pero no asigna una roca concreta a cada calle, cimiento o paraje. Las rocas son parte del retrato del lugar, junto con los relieves que se levantan alrededor del núcleo y las superficies más llanas del centro.

El mismo estudio describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. En palabras sencillas, el agua suele atravesarlas con dificultad; sin embargo, la alteración o las fracturas pueden alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad. La ficha no convierte ese comportamiento general en una explicación para cada manantial o construcción. Sí permite añadir una pieza al paisaje: el agua no se mueve igual por todos los materiales, y la presencia de roca fracturada puede cambiar localmente su recorrido. En Almoharín, ese sustrato acompaña a un territorio de lomas, vegas y cauces con ritmos muy distintos.

La villa romana aparece junto al cuartel

En junio de 1991, las máquinas trabajaban junto al cuartel para construir una residencia de mayores. Durante las obras quedó al descubierto parte de la cimentación de una villa romana, probablemente un asentamiento agrícola. El área que pudo dimensionarse rondaba los 250 metros cuadrados, aunque los restos podían extenderse más allá. La obra avanzó y destruyó parte de la estructura. Bajo el suelo destinado a una nueva construcción, el pasado no apareció como una pieza aislada, sino como una vivienda con señales de trabajo y almacenamiento.

Entre los restos documentados había un molino redondo utilizado para moler cereal y fragmentos de grandes recipientes, llamados dolia, que servían para almacenar grano. También aparecieron cerámicas de distintos tipos: sigillata hispánica y sigillata clara, algunas con formas identificables y decoración a ruedecilla. Esos fragmentos permiten situar el establecimiento entre comienzos del siglo I y el siglo IV. El molino habla de una tarea concreta; los recipientes, de guardar la cosecha. Juntos perfilan una actividad agrícola sin necesidad de imaginar cómo era cada jornada ni quién ocupaba la casa.

De la Edad del Bronce a La Vega

La villa no inaugura la presencia humana en el entorno. Se han confirmado yacimientos de la Edad del Bronce tardío, aunque los datos disponibles no precisan más sus etapas. A pocos metros del núcleo se encontró además una moneda de bronce de la ceca de Bolskan, fechada en 105 antes de nuestra era, junto con otras monedas del mismo periodo. Son huellas distintas, separadas por el tiempo y por lo que permiten contar: no forman una secuencia continua de habitantes, pero sí muestran que el entorno acumuló ocupaciones y objetos mucho antes de la obra de 1991.

También se documentaron enterramientos en la zona de La Vega y junto al campo de fútbol. Se atribuyeron a la vivienda situada allí con anterioridad. Así, los restos del término no se reducen a un único punto: la villa excavada junto al cuartel, las sepulturas de La Vega y los hallazgos más antiguos pertenecen a lugares y momentos diferentes. Cada descubrimiento abre una ventana acotada. La obra de 1991 dejó una especialmente reveladora porque reunió, en un mismo lugar, cimientos, molienda, recipientes de almacenaje y cerámica fechable.

Una calle de Almoharín con la ladera al fondo. El casco urbano y los relieves próximos comparten el escenario de los hallazgos descritos.

Una calle de Almoharín con la ladera al fondo. El casco urbano y los relieves próximos comparten el escenario de los hallazgos descritos.

Foto: 19Tarrestnom65, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El Búrdalo cambia de ritmo

Al este de Almoharín, el Búrdalo es un río mediterráneo: suele llevar algo de caudal entre otoño y primavera, pero en verano queda prácticamente seco. Cerca de su ribera, en el sudeste del término, se extiende una zona de cultivos de regadío conocida como Las Viñas o Los Combos. Sus infraestructuras datan de comienzos de la década de 1970. Allí se cultivan sobre todo tomate y maíz; en pequeñas parcelas se mantienen huertos tradicionales con higueras y vides, mientras otros cultivos de regadío tienen una presencia testimonial.

La diferencia entre el río estacional y el campo regado muestra un cambio de escala: el cauce sigue su propio ciclo, mientras las infraestructuras permiten organizar cultivos en una zona ribereña. No hace falta confundir ese paisaje reciente con la villa romana para reconocer una larga relación local con la agricultura. La excavación de 1991 atestigua molienda y almacenamiento de cereal; las parcelas actuales dan cuenta de otros cultivos y de otra época. El terreno de Almoharín no impone una sola forma de aprovecharlo: las vegas, las zonas llanas y las laderas componen escenarios diferentes dentro del mismo término.

El asentamiento deja nuevas huellas

La historia del pueblo continuó en un paisaje ocupado por distintas comunidades. El topónimo Almoharín es de origen árabe y se vincula a la época almorávide, en el siglo XI, cuando se asentó definitivamente el núcleo del que data la localidad. En el lugar conocido como el Castillo habría existido una plaza fuerte; durante la conquista musulmana se consolidó. Más tarde, entre 1223 y 1230, las tropas de Alfonso IX de León ganaron Almoharín a los musulmanes. Estos cambios políticos no borraron las huellas anteriores, pero tampoco permiten presentar a todos los grupos como una población continua.

Un resto de raíz almohade se localizó en una vivienda de la calle Italia, números 6 a 10. Su destrucción no pudo impedirse pese a la denuncia presentada ante las instituciones. Jaime Rio-Miranda Alcón estudió y fotografió lo que aún quedaba antes de que la piqueta lo eliminara. En 1598, Almoharín compró el título de villa y dejó de pertenecer al señorío de Montánchez, aunque continuó dependiendo de la Corona. El documento de aquella concesión se conserva en el llamado Libro del Becerro.

La obra de 1991 tuvo un desenlace menos completo: se levantó la residencia, una parte de los cimientos romanos se perdió y los restos que quedaron fueron estudiados y fotografiados. El molino, las piezas de almacenaje y las cerámicas permiten reconocer el uso agrícola del asentamiento, aunque no reconstruir cada detalle de su vida. Desde San Cristóbal, Almoharín sigue apareciendo entre relieves, llanos y vegas. Bajo las calles, aquella obra dejó una marca doble: un edificio nuevo y la noticia de una casa antigua que el terreno había conservado.

Tipos de terreno en Almoharín

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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