Alcolea de Calatrava, el lago bajo la caldera
En Las Higueruelas, una caldera volcánica albergó un lago durante el Plioceno Superior. Hoy, los restos encontrados en ese yacimiento conectan el paisaje volcánico de Alcolea con mastodontes, rinocerontes y otros animales de un pasado remoto.
Panorámica de Alcolea de Calatrava, en la planicie rodeada de pequeñas sierras que caracteriza el paisaje del municipio.
Alcolea de Calatrava se levanta a 653 metros, en una planicie rodeada de pequeñas sierras. Las lagunas de La Camacha y del Bú pertenecen a un paisaje marcado por la actividad volcánica de hace millones de años. Entre sus formas destaca una depresión que guarda una historia distinta: la caldera de Las Higueruelas, donde hubo un lago antiguo y quedó formado un yacimiento paleontológico.
La historia que se sigue allí no es la de una erupción concreta, sino la de un paisaje que cambió y dejó huellas de vida. Primero, la actividad volcánica configuró el escenario; después, un lago ocupó la caldera. Mucho más tarde, el hallazgo de fósiles convirtió aquella cuenca en un lugar de investigación. El yacimiento permanece enterrado y no es visitable, pero una parte de sus piezas puede verse en el Museo de Ciudad Real.
Alcolea, entre la planicie y las lagunas
El término municipal se sitúa en la subzona occidental del Campo de Calatrava, entre el valle de Alcudia y los Montes de Toledo, a la orilla derecha del Guadiana. El pueblo queda en una llanura cercada por pequeñas sierras; el terreno desciende desde los 840 metros de Hoya Redonda, al oeste, hasta los 590 metros junto a un arroyo, al este. En ese relieve aparecen lagunas y cráteres que hacen visible la historia volcánica local.
La caldera de Las Higueruelas forma parte de ese conjunto, pero su interés no se limita a su forma. En la antigua depresión se extendió un lago durante el Plioceno Superior. Allí se formó el yacimiento paleontológico. La conexión entre caldera, lago y fósiles es el hilo que permite leer el paisaje: una estructura volcánica pasó a ser el lugar de un lago y, con el tiempo, un depósito de restos de animales.
Peñarroya y las marcas del volcanismo
Alrededor de Alcolea, las huellas volcánicas tienen formas distintas. El volcán de Peñarroya alcanza los 812 metros y fue declarado Monumento Natural en 2000. En cambio, el cráter de Zahurdones está muy desdibujado por la erosión. No todas las formas han llegado hasta hoy con el mismo contorno: el relieve conserva unas señales con claridad y otras más suavizadas.
En el cerro de la Cruz, el cráter tiene una historia particular: se originó por la extracción artificial de lava. La fuente local atribuye al volcán una edad de 4,8 millones de años. Esa intervención humana dejó una forma que se distingue de un cráter modelado sin extracción. Junto a Peñarroya, Zahurdones y las lagunas, el cerro muestra que el paisaje de Alcolea reúne tanto procesos volcánicos como cambios posteriores en sus formas.
Qué materiales hay bajo Alcolea
La clasificación geotécnica del término ofrece otra manera de acercarse al terreno, a escala municipal. Registra calizas, dolomías y mármoles (23,07 %); gravas y arenas compactas (21,45 %); pizarras y esquistos (21,06 %); areniscas, conglomerados y flysch (12,62 %); y granito, gneis y rocas ígneas (2,47 %). Es un mosaico de materiales: incluye rocas de distintos tipos y también depósitos granulares compactos.
Esos porcentajes describen el municipio, no identifican por sí solos la roca exacta bajo la caldera ni el material del yacimiento. La diferencia importa: el paisaje volcánico de Las Higueruelas y la variedad de materiales registrados para Alcolea son dos escalas complementarias, no una prueba de que cada material aparezca en cada lugar. Dos sondeos geotécnicos alcanzaron 68 y 88 metros; el agua se registró a 5,55 y 6,3 metros, respectivamente. Son ventanas puntuales al subsuelo actual, distintas de la historia del antiguo lago.
Las Higueruelas, un lago convertido en yacimiento
En Las Higueruelas, el dato decisivo es la relación entre la cuenca y el antiguo lago: el yacimiento paleontológico se formó en el lago que ocupaba la caldera. Está datado en el Plioceno Superior. No se trata solo de una forma volcánica que se reconoce desde el paisaje; el lugar conserva restos que permiten saber qué animales están representados en ese yacimiento.
La lista identificada reúne mastodontes, guepardos, rinocerontes, gacelas, cérvidos y tortugas gigantes. El conjunto ofrece una imagen amplia de los restos recuperados, aunque no reconstruye por sí solo las escenas de la vida de aquellos animales. Lo que sí permite afirmar es que las excavaciones encontraron en un mismo yacimiento restos de grupos muy diversos. La caldera que había albergado el lago quedó así vinculada a una historia paleontológica que se prolonga mucho más allá de la forma visible del terreno.
Casimiro Plaza abre la historia en 1935
El yacimiento volvió a entrar en la historia humana en 1935. Lo descubrió Casimiro Plaza, propietario de la finca Las Higueruelas, y se puso en contacto con Fidel Fuidio, profesor marianista y arqueólogo. El lugar era una finca particular y el yacimiento permanecía enterrado: para reconocer su importancia hacía falta pasar de la huella bajo tierra a la investigación.
En 1970, el entonces propietario, Santiago Plaza Coello, descubrió nuevos restos del mastodonte Anancus arvernensis y contactó con el paleontólogo Emiliano Aguirre. La historia no se cerró con un único hallazgo. Las campañas de excavación de 1971, 1990 y las posteriores ampliaron el conjunto conocido, con restos de mastodontes y de las otras especies identificadas. Cada etapa añadió nuevas piezas a la historia del antiguo lago.
De los fósiles excavados al Museo de Ciudad Real
Las excavaciones dieron un resultado concreto: parte de los restos de Las Higueruelas salió del yacimiento y hoy se expone en el Museo de Ciudad Real. Allí también hay un diorama de tamaño natural que reconstruye el paisaje de la época. La exposición acerca al público piezas que proceden de una finca cuyo yacimiento continúa enterrado y no se puede visitar.
Así se resuelve el recorrido de Las Higueruelas. La caldera volcánica albergó un lago; en ese antiguo lago se formó el yacimiento; y los descubrimientos iniciados en 1935 y ampliados desde 1970 y en las campañas posteriores llevaron parte de sus restos al museo. El terreno conserva la relación entre volcanismo, cuenca y fósiles, mientras que las piezas expuestas hacen visible una parte de esa historia. En Alcolea, el lago ya no está: su rastro permanece bajo la finca y en los fósiles que llegaron al Museo de Ciudad Real.
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